[Imagen: Enlly Blue/YouTube]
Por lo general, a Adrian Younge no le entusiasma interpretar versiones de canciones de otros artistas. Sin embargo, a principios de este año, el polifacético compositor y promotor (responsable del sello discográfico y la productora de eventos Jazz Is Dead, con sede en Los Ángeles) sintió el impulso de imprimir su sello personal en una pieza musical popular.
Younge preparó los arreglos para que la banda Midnight Hour y el cantante Loren Oden colaboraran en una grabación singular: una versión interpretada por humanos de uno de los primeros éxitos generados por inteligencia artificial.
“Through My Soul” es una canción de soul creada por IA e “interpretada” por una cantante ficticia llamada Enlly Blue; debutó en octubre en la lista de artistas emergentes de Billboard y, desde entonces, ha acumulado millones de reproducciones digitales. El video en YouTube de la versión original de “Through My Soul” supera las 11 millones de visualizaciones.
Al escuchar “Through My Soul” por primera vez, Younge (que ya sabía que se generó por IA) creyó percibir cómo se había ensamblado el tema. Podía descifrar las influencias que probablemente se habían introducido en un programa o chatbot para producir la música. El resultado no le convenció: aunque las capacidades de la tecnología resultaban algo sorprendentes, la canción le pareció, en última instancia, carente de alma.
“Apoyo a quienes exploran su arte para descubrir al verdadero artista que llevan dentro”, afirma Younge. “Pero cuando simplemente le pides a una computadora que lo haga, resulta triste”.
Aunque al principio se mostró reticente a dedicar tanto tiempo a escribir arreglos y grabar un tema creado por IA, Younge aceptó el desafío para ver si lograba insuflar vida a la canción. Pidió a los músicos que tocaran con grandilocuencia y dinamismo, que “se comieran el escenario” con la canción. (En un cortometraje sobre el proceso, el vocalista Oden se reía de la cantidad de palabras que la canción intentaba abarcar en cada verso).
Tras grabar el tema (publicado en abril), el grupo lo interpretó en directo en la sala Lodge Room de Los Ángeles. Después de aquella actuación, Younge se dio cuenta de que la canción le gustaba; de hecho, sintió que «pegaba fuerte y era hermosa».
Younge no solo ha cambiado de opinión sobre “Through My Soul”, sino que ha incorporado su propia versión a su repertorio. Tiene previsto incluirla en la lista de temas de sus próximas giras por el Medio Oeste estadounidense y Europa a finales de este año. “Si la gente quiere incorporar la IA a su proceso, pues adelante, me parece genial”, dice Younge. “Pero si le piden a una IA, a una computadora, que componga e interprete una canción entera, eso es un disparate”.
Esta versión también es la parte más visible de Played by Humans, una iniciativa en línea de Jazz Is Dead y la agencia de publicidad TBWA\Chiat\Day LA para promover un nuevo estándar digital que identifique las pistas musicales interpretadas por humanos, así como para plantear cuestiones filosóficas complejas sobre cómo debería (o no) influir la IA en el futuro de la música y la creatividad.
“Esto me hizo comprender que, cuando escribo música en una partitura, eso es solo un plano”, afirma Younge. “Si no hay un ser humano que exprese ese plano, no es música”.
Played by Humans invita a músicos y sellos discográficos a visitar el sitio web de la campaña y subir su música para que sea analizada por una herramienta desarrollada por especialistas tecnológicos de TBWA\Chiat\Day. La herramienta busca firmas de audio que suelen dejar los generadores de música por IA. Si parece que una pista es interpretada por humanos, se añade a la base de datos de Played by Humans y el sello o artista que la envió recibe un icono distintivo que puede mostrar en línea.
El objetivo a largo plazo es consolidar dicho distintivo como un estándar ampliamente reconocido en los servicios de streaming, permitiendo a los oyentes identificar (y potencialmente filtrar) la música creada por humanos. Sus creadores esperan que el icono llegue a ser tan familiar como la “E” dentro de un recuadro que indica contenido explícito.
“Empoderar a la humanidad es realmente nuestro enfoque en este proyecto”, comenta Nat Wilkes, tecnólogo creativo de TBWA\Chiat\Day que ayudó a desarrollar el sitio.
Según la plataforma de streaming Deezer, a finales de abril, 44% de las canciones subidas (unas 75,000 al día) estaban generadas por IA, aunque pocas logran destacar y alcanzar un reconocimiento generalizado. Temas como “Through My Soul” reflejan hasta qué punto se ha extendido este tipo de autoría musical y cómo los resultados están inundando los servicios de música. Otros estudios de Deezer revelaron que 97% de los oyentes no sabe distinguir entre la música generada por IA y la creada por humanos. “Es una conversación filosófica realmente interesante que, en última instancia, se convierte en una cuestión existencial”, afirma Adam Block, cofundador de Jazz Is Dead. “Si permitimos que se menosprecie o minimice el reconocimiento del arte creado por humanos, ¿adónde nos llevará eso? ¿Qué mensaje transmite?”.
En muy poco tiempo, la música generada por inteligencia artificial ha pasado de ser una curiosidad a algo habitual y, finalmente, a una gran preocupación para la industria musical, que lucha por equilibrar los derechos de los artistas, las nuevas tecnologías y los aspectos económicos a medida que se generaliza el uso de herramientas de IA.
Los artistas populares y la cultura pop han adoptado cada vez más la música creada con IA. Aquella canción viral de “Puerto Rico” en TikTok se creó con IA, y el icónico productor de hip-hop Timbaland ha estado impulsando con fuerza la creación musical mediante IA y un género que él denomina “A-Pop”.
Suno, la startup con sede en Massachusetts responsable de una de las herramientas de música generativa por IA más utilizadas, anunció en junio una ronda de financiación de 400 millones de dólares (mdd) que valoró a la empresa en más de 5,000 mdd. Desde su fundación en 2022, el rápido crecimiento de Suno la ha situado en el centro de un debate más amplio sobre la creatividad y el comercio.
En marzo, Billboard obtuvo una presentación corporativa de Suno del otoño anterior en la que se afirmaba que la plataforma generaba 7 millones de canciones al día, lo que equivale aproximadamente a todo el catálogo de Spotify cada dos semanas. Solo Enlly Blue ha publicado media docena de álbumes completos, además de sencillos y versiones navideñas, desde su debut en junio pasado. “Through My Soul” también ha dado lugar a versiones de artistas como Ye Soriya, Joan Noir Rivers y simplemente Enlly; todas ellas parecen haber sido generadas también por IA.
Al mismo tiempo, más de 1,800 artistas han demandado a Suno y a una startup similar, Udio, en una demanda colectiva alegando que sus obras se utilizaron para entrenar sistemas de IA sin recibir compensación alguna. Sin embargo, a medida que avanza el caso, discográficas y servicios de streaming que antes se mostraban escépticos han comenzado a cortejar a las empresas de música por IA.
Udio ha firmado acuerdos con Warner Music Group y Universal Music Group, y Spotify anunció un pacto con Universal que permitirá a los usuarios crear versiones y remezclas generadas por IA de artistas seleccionados.
Estos acontecimientos han aumentado la presión sobre la industria para que identifique la música generada por IA, aunque la mayoría de las soluciones propuestas siguen dependiendo de la divulgación voluntaria. La insignia Verificado por Spotify, introducida el 30 de abril, utiliza indicadores como la actividad de los oyentes y datos externos a la plataforma —como las fechas de las giras— para verificar la autenticidad, mientras que Apple Music estrenó en marzo etiquetas de transparencia sobre IA. Ninguno de los dos sistemas analiza la música en sí; ambos dependen en gran medida de que las discográficas proporcionen la información subyacente.
DDEX, un organismo internacional de normalización para la música digital, trabaja en la coordinación de un sistema de identificación de IA en todo el ecosistema de la música digital, según Mark Isherwood, responsable de la secretaría de esta organización sin ánimo de lucro. Isherwood añade que los esfuerzos se han centrado en el cumplimiento voluntario y la confianza: si se envía una canción concreta a, por ejemplo, un servicio de streaming, es necesario informar con transparencia sobre en qué medida se creó mediante inteligencia artificial.
Played by Humans está probando un enfoque diferente. La herramienta de la campaña se basa en un software de la empresa Pex (entrenado con una amplia colección de música generada por IA) diseñado para detectar las llamadas “marcas sonoras” que deja el software musical de inteligencia artificial. Aunque no constituye un estándar absoluto, su objetivo es identificar contenido creado en un 85% por humanos.
La idea es que, si bien resulta inviable analizar todas y cada una de las pistas que se suben a las plataformas de streaming, los artistas puedan solicitar proactivamente una certificación que acredite su autenticidad frente a la música generada por IA. Hasta la fecha, la iniciativa “Played by Humans” ha analizado más de 1.6 millones de pistas —en su mayoría procedentes de la colección musical de APM—, así como 600 temas del propio sello discográfico Jazz Is Dead.
Todo este esfuerzo (que abarca la grabación, la interpretación y el lanzamiento de una herramienta de verificación) plantea interrogantes clave sobre cómo la IA puede influir (o no) en la creatividad humana, y defiende el derecho de los oyentes a saber si lo que escuchan fue creado por músicos humanos o por máquinas.
Lo más interesante de esta nueva versión humana de “Through My Soul” —que se ha interpretado y reproducido en streaming, aunque en mucha menor medida que la original creada por IA— es que Younge y el resto de los músicos no tienen ningún vínculo con el artista original. La normativa vigente sobre derechos de autor no contempla el pago de regalías por canciones generadas por IA. Además, nadie se ha puesto en contacto con el creador del tema, identificado en internet como el artista vietnamita Thong Viet. No está claro si el creador siquiera sabe que se ha hecho una versión de su canción o si ha escuchado la interpretación de Younge.
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