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La huella de carbono de la IA es todavía peor de lo que parece.
No se trata solo de que los nuevos centros de datos estén detonando la construcción de plantas eléctricas alimentadas con combustibles fósiles , como una planta de gas respaldada por Amazon en Texas que podría convertirse en la mayor fuente individual de contaminación por CO2 en Estados Unidos. La inteligencia artificial también está volviendo más productiva a la industria de los combustibles fósiles, y un nuevo estudio encontró que esas ganancias de productividad podrían generar hasta 13 veces más emisiones que las que hoy producen los servidores.
¿Qué son las “emisiones habilitadas” que agravan la huella de carbono de la IA?
El estudio, publicado en npj Climate Action, revista del portafolio de Nature, se enfoca en las “emisiones habilitadas”, el componente menos visible de la huella de carbono de la IA: las que se generan cuando las empresas de petróleo y gas usan inteligencia artificial para extraer y refinar combustibles fósiles de manera más rápida y barata, y para producir más energía.
El trabajo también calculó cómo la IA está haciendo más productiva a la energía renovable. Pero el efecto sobre los combustibles fósiles supera con mucho el beneficio para las renovables.
Las renovables tendrían que mejorar cuatro o cinco veces más
Para que las emisiones globales se mantuvieran más o menos iguales, la productividad de las renovables tendría que mejorar entre cuatro y cinco veces más que la de los fósiles. Esto se debe, en parte, a que incluso una mejora pequeña en la extracción de combustibles fósiles puede derivar en un consumo mucho mayor.
Hasta 13 veces más emisiones que los centros de datos
El estudio encontró que las ganancias de productividad derivadas de la IA aumentan las emisiones globales entre 0.47 y 1.8 gigatoneladas de CO2 al año. (Como referencia, 1.8 gigatoneladas equivalen a cerca de tres veces las emisiones anuales de Alemania). Las emisiones asociadas a las ganancias de productividad en combustibles fósiles son de 3.3 a 13.3 veces mayores que las emisiones actuales de los centros de datos.
El hallazgo reordena la discusión sobre el impacto ambiental de la tecnología. Hasta ahora, el debate se ha concentrado en el consumo energético de la IA y en el agua que requieren los servidores: Google publicó sus propios cálculos sobre la huella energética de sus modelos y apostó por la captura de carbono para compensar, mientras que organizaciones ambientales cuestionan si las metas de carbono neutral de las grandes tecnológicas no son una forma de greenwashing. El estudio sugiere que esa contabilidad se queda corta, porque deja fuera lo que la IA habilita río arriba: en los pozos y las refinerías.
Dos de los autores del estudio son extrabajadores de Microsoft que dejaron la empresa para fundar una organización sin fines de lucro llamada Enabled Emissions Campaign.
“Pasé años construyendo herramientas de plataforma de IA y he visto de primera mano cómo se usan”, dijo Will Alpine, autor principal, en un comunicado. “Como cualquier herramienta, la IA puede acelerar aquello a lo que se aplica. Sí, puede impulsar la energía renovable, fortalecer la red eléctrica y mejorar la eficiencia. Pero también lleva años impulsando la productividad de la industria de los combustibles fósiles, y nuestra investigación muestra que ese efecto es asimétrico: funciona como una palanca económica que refuerza la viabilidad y el dominio de los combustibles fósiles”.
Para los autores, medir la huella de carbono de la IA solo por el consumo eléctrico de sus centros de datos deja fuera la mayor parte del problema.
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