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Canva frenó parte de su despliegue de IA porque el éxito volvió insostenible el costo del sistema

Canva AI 2.0 encontró algo que muchas empresas descubrirán tarde o temprano: una experiencia de inteligencia artificial puede funcionar muy bien para los usuarios y, al mismo tiempo, convertirse en un problema enorme para el negocio. En inteligencia artificial, tener demasiados usuarios puede convertirse en un problema. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Canva frenó parte de su despliegue de IA porque el éxito volvió insostenible el costo del sistema

Canva frenó parte de su despliegue de IA porque el éxito volvió insostenible el costo del sistema [Imagen por: FCMX]

Canva AI 2.0 encontró algo que muchas empresas descubrirán tarde o temprano: una experiencia de inteligencia artificial puede funcionar muy bien para los usuarios y, al mismo tiempo, convertirse en un problema enorme para el negocio.

En inteligencia artificial, tener demasiados usuarios puede convertirse en un problema. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Canva después de presentar Canva AI 2.0, una de las mayores transformaciones de producto de la compañía desde su lanzamiento en 2013.

La actualización convirtió a Canva en una plataforma mucho más conversacional. En lugar de comenzar necesariamente con una plantilla o un lienzo vacío, los usuarios pueden describir una idea y dejar que la IA genere diseños editables, organice elementos, mantenga contexto y ejecute distintas tareas dentro del proceso creativo.

Canva está llevando agentes de IA al diseño para acompañar prácticamente todo el proceso creativo. Lo que no era tan evidente en ese momento era qué pasaría si millones de personas comenzaban a utilizar esas capacidades prácticamente al mismo tiempo.

La respuesta llegó rápido: el producto funcionó demasiado bien.

75 millones de usuarios también significan millones de tareas de IA

Cameron Adams, cofundador de Canva, explicó a Creative Bloq que, poco después de comenzar el despliegue, alrededor de 75 millones de personas estaban utilizando Canva AI, lo que provocó aumentos importantes tanto en la carga de los servidores como en los costos de operación.

La compañía decidió entonces pausar parte del despliegue. No porque la experiencia estuviera fallando. Todo lo contrario. El problema era que hacer funcionar esa experiencia para decenas de millones de personas resultaba mucho más difícil y caro de lo que parecía desde la interfaz.

Es una realidad que suele quedar escondida detrás de la aparente simplicidad de las herramientas generativas. Para el usuario, escribir una instrucción y recibir una imagen, una presentación o una campaña completa puede tomar segundos. Detrás hay centros de datos, chips, energía, sistemas de inferencia y enormes cantidades de capacidad computacional. La infraestructura física que sostiene el boom de la IA se ha convertido así en una parte inseparable del diseño de producto.

Canva volvió a diseñar lo que el usuario no ve

Después de frenar parcialmente el lanzamiento, Canva comenzó a reestructurar sus sistemas. Según Adams, la compañía logró reducir casi 90% el costo por tarea, mientras sus modelos terminaron siendo cinco veces más rápidos y 30 veces más baratos. Ese dato cambia bastante la historia.

La competencia en IA suele presentarse como una carrera por construir el modelo más poderoso, generar mejores imágenes o responder preguntas más complejas. Canva está mostrando otra dimensión del problema: no basta con diseñar una función impresionante. También debe poder ejecutarse millones de veces sin destruir su economía.

Es una tensión que probablemente enfrentará cualquier compañía que integre inteligencia artificial dentro de productos masivos. Y explica por qué algunas de las decisiones de diseño más importantes de esta nueva generación de software probablemente ocurrirán en lugares que el usuario nunca verá.

El mejor modelo no necesariamente construye el mejor producto

Adams también plantea otro punto importante: depender únicamente del modelo de IA más avanzado puede ser una estrategia frágil. Los modelos cambian rápidamente y compañías como OpenAI, Anthropic, Google y otras se alternan constantemente en rendimiento, precio y capacidades. Canva, por ello, ha desarrollado un equipo interno de más de 120 investigadores especializados en inteligencia artificial y también utiliza modelos y tecnologías de código abierto.

La estrategia se parece cada vez menos a elegir “la mejor IA” y más a construir una arquitectura capaz de combinar modelos, costos y necesidades específicas. En diseño ya estamos viendo esa transformación. Adobe, por ejemplo, está incorporando agentes de IA dentro de sus aplicaciones creativas, mientras nuevas herramientas intentan convertir instrucciones escritas en flujos creativos completos.

Canva juega la misma partida, pero el episodio de AI 2.0 deja una lección adicional. El éxito de una experiencia no termina cuando el usuario dice “esto funciona”. Para una compañía tecnológica, ese puede ser apenas el comienzo. Porque el verdadero reto aparece cuando millones de personas quieren utilizarla al mismo tiempo.

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