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Honey Thaljieh, cofundadora de la Selección Femenil de Palestina cuenta cómo el futbol defiende dignidad, igualdad e identidad

En Decididas Summit 2026, la ex capitana de la selección femenil palestina habló del deporte que se vuelve diplomacia práctica y una forma de existir.

Honey Thaljieh, cofundadora de la Selección Femenil de Palestina cuenta cómo el futbol defiende dignidad, igualdad e identidad [Imagen impulsada por IA]

Decididas Summit 2026 regresó con su quita edición y reunió en Ciudad de México a mujeres de distintos frentes para discutir poder, identidad y cambio en clave práctica. En ese marco se realizó el panel La revolución en la cancha: el deporte como resistencia, una conversación sobre futbol femenil y su carga política y cultural.

Ahí participó Honey Thaljieh, cofundadora y primera capitana de la Selección Femenina de Futbol de Palestina, quien planteó que el avance del futbol de mujeres no se mide solo por visibilidad, sino por quién toma decisiones y por lo que una camiseta puede afirmar cuando la identidad se cuestiona afuera de la cancha.

Thaljieh reconoce que en los últimos años el futbol femenil ganó atención, patrocinios y campañas que celebran el empoderamiento. Sin embargo, también anota que “la visibilidad no es lo mismo que el poder, porque hasta hoy las organizaciones estructurales están gobernadas por hombres”.

Para ella, la razón es estructural. Las organizaciones siguen dominadas por hombres. Los sistemas, las reglas y los diseños de operación nacen desde esa mirada. En ese terreno, dice, cuesta que las mujeres sean quienes deciden. Por eso insiste en un objetivo concreto: mujeres en toma de decisiones “en todos los niveles”, subraya.

En su opinión, la “revolución” todavía exige inversión, pero también exige sillas ocupadas por mujeres en las mesas donde se define el rumbo. Sin esa presencia, el crecimiento queda en superficie. El interés sube, pero el control no cambia. “En la medida en que los hombres construyen los sistemas y el diseño está hecho por hombres, es más difícil que las mujeres sean quienes toman decisiones”, dice.

Palestina: jugar para resistir

Thaljieh habló de crecer en Palestina con desafíos “políticos, sociales y culturales” y de usar el futbol para mover la narrativa. “Es un avance que ocurre incluso bajo el genocidio, la ocupación ilegal y en medio de un entorno donde, no hay infraestructura”, dijo.

Thaljieh aclaró que no solo se construyó un equipo femenil de futbol en Palestina, sino que se construyó una narrativa. Para ella, fundar la primera selección nacional femenil palestina no fue un proyecto deportivo, sino uno de presencia.

“Cuando formamos por primera vez la selección nacional femenil palestina, no era solo futbol. Era visibilidad, era resiliencia, era esperanza, era identidad, era entregar un mensaje distinto al mundo”, dijo. Ese mensaje, explicó, no buscaba circular la imagen del desastre, sino la de las personas. “Un mensaje no de destrucción, muerte y desesperación; un mensaje sobre las historias de esas niñas, de esas mujeres, que no son solo números. Tienen una voz, tienen un talento que mostrar al mundo.”

Explicó que en Palestina el deporte no existe aislado. Existe bajo restricciones de movilidad, fragmentación política y sufrimiento humano a muchos niveles. Mencionó estadios destruidos, infraestructura dañada y jóvenes sin acceso ni oportunidades. Habló de familias desplazadas y comunidades en duelo. En su relato, ese entorno vuelve irrelevante la diplomacia como teoría.

La cancha como diplomacia práctica

En ese punto, Thaljieh definió la diplomacia como unidad real entre personas separadas por condiciones que no eligieron. “Cuando jugadoras de Gaza, Cisjordania y la diáspora se encuentran, esa es la fuerza del deporte”, dijo. “A pesar de la distancia y de todas las luchas, la unidad es poderosa, y eso moldea la diplomacia en una sociedad fragmentada”, explicó.

Thaljieh describió tres funciones de esa diplomacia.

La primera es humanizar, desplazar la conversación de titulares a historias humanas. “Se trata de mover la conversación de los titulares a las historias humanas. Los seres humanos. Cuando nuestras mujeres entran al campo, desafían estereotipos simplemente por existir, solo por existir.”

La segunda función es una igualdad practicada, no discutida. “En el campo, todos somos iguales. La religión no mete un gol, el género no defiende penales, el origen no determina el talento. Por 90 minutos solo existen méritos, disciplina, juego limpio, resiliencia, trabajo en equipo, respeto. En un mundo dividido por identidad, el futbol se vuelve un espacio donde la igualdad no se discute, se vive”, explicó

La tercera función es afirmar identidad. Thaljieh la describió como respuesta a un tipo de mirada externa que clasifica y reduce. Dijo que la identidad palestina suele debatirse, que la política se impone y que, cuando viajan, aparecen preguntas y estereotipos. “A veces nos juzgan por ser palestinas, o árabes, musulmanas o cristianas”, explicó. En cambio, el deporte, en su visión, otorga reconocimiento y confirmación. “A través del deporte das a las jugadoras identidad, reconocimiento, afirmación y visibilidad. Enseñas a una niña en Belén, en Ramala o en Gaza que estás definida por tu talento, por tu ambición, por tus esperanzas”, dijo.

Honey Thaljieh marca el límite que evita la fantasía

Thaljieh también puso un freno a la idea del deporte como solución universal. “No tenemos que ser tan optimistas porque el deporte por sí solo no termina el genocidio, no termina la guerra, no detiene conflictos”, dijo. “No podemos decir que el deporte resuelve todos los problemas, pero puede contribuir a contar las historias de esas niñas. Puede darles identidad y reconocimiento.”

Para Thaljieh, cuando una jugadora entra al campo, en ciertos lugares del mundo, el el juego se convierte en una forma de existir. “Lo que pasa ahora en Palestina muestra lo frágil que puede ser la infraestructura. Los campos pueden destruirse en segundos, pero la identidad no se borra tan fácil”, dijo.

La idea, explicó, es representar a un pueblo y “estar de pie por algo más grande que nosotras mismas”. El futbol, en su definición, no termina la guerra, pero protege algo que ella llamó esencial: “dignidad, igualdad e identidad”.

Author

  • Emma Sifuentes

    Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México, cuenta con más de 20 años de experiencia en la comunicación, tanto en el sector público, como en el privado. Como editora, busca contribuir a la conversación sobre cómo moldear un futuro que valore la humanidad, la justicia y la igualdad.

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Sobre el autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México, cuenta con más de 20 años de experiencia en la comunicación, tanto en el sector público, como en el privado. Como editora, busca contribuir a la conversación sobre cómo moldear un futuro que valore la humanidad, la justicia y la igualdad.