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Timser: la startup mexicana que revolucionó el diagnóstico del VPH

Los retos relacionados con el cuidado de la salud femenina, como la problemática del VPH, históricamente han sido desatendidos. Pero, Mercedes Gutiérrez, directora ejecutiva del laboratorio Timser, demuestra que el emprendimiento puede generar un impacto real incluso frente a numerosas adversidades.

Timser: la startup mexicana que revolucionó el diagnóstico del VPH Preventix analiza biomarcadores en sangre para detectar a tiempo el riesgo de cáncer cervicouterino sin dolor ni incomodidad. [Imagen: cortesía]

“Nosotras entramos a esto por una experiencia personal. La cofundadora de Timser, Terry, que es mi mamá, tuvo una experiencia en un trabajo anterior con una niña que, por usos y costumbres, o más bien cobijados en usos y costumbres, sufría abuso sexual y no podían meter al señor a la cárcel”, señala Mercedes Gutiérrez. Ella es la otra cofundadora y directora ejecutiva de ATSO Pharma y del Grupo Timser, un laboratorio mexicano especializado en la salud de la mujer, cuyos servicios, tecnología e investigación buscan impulsar la igualdad de género al enfocarse en cuidar aspectos de la salud femenina que hasta ahora han sido pasados por alto.

La niña, de 12 o 13 años, estaba llena de lesiones visibles en la garganta, el paladar, la boca y los genitales debido a que fue contagiada del virus del papiloma humano (VPH). Su caso estaba “muy avanzado. El VPH sí genera cáncer, pero antes genera lesiones”, recuerda. En una ciudad donde todo es ubicuo, como las clínicas públicas y privadas, el VPH no suele representar una amenaza tan grande. Pero hay comunidades alejadas donde la educación sexual y la planificación familiar no son un derecho, y tratar una enfermedad relativamente común se vuelve un calvario.

“La única manera de tratarlas hasta ese entonces era con mecanismos muy invasivos. Te tienen que cortar la piel afectada. Entonces, imagínate para una niña que ha sufrido abuso sexual, que tiene VPH y lesiones, lo que significa la mutilación de su cara, de sus genitales, es un desastre”, dice. La historia impactó de una manera tan profunda a Terry que, sin conocer mucho de la industria del sector salud, decidió buscar una alternativa a este tratamiento de lesiones.

Ese fue el punto de inflexión donde, sin saberlo, nació el objetivo del emprendimiento. Inspirado en un tratamiento de plantas medicinales realizado por curanderos que aminoraba las lesiones, iniciaron una investigación con el desarrollo de científicos que culminó con ATSOlona, un medicamento tópico para lesiones precancerosas que puede reducir 88% el volumen tumoral. Hoy está en investigación y en espera de inversión para avanzar a etapas clínicas. “No existía un laboratorio como tal, más bien existía el proyecto de buscar una solución para [lesiones de] VPH. Y esa, ATSOlona, fue nuestra primera patente”.

Revolucionar la salud

¿Por qué la fallida compañía Theranos, de Elizabeth Holmes, logró recaudaciones millonarias para financiarse durante años? No fue por “democratizar la salud” —lo que en sí mismo debería ser un fin— sino por la promesa de revolucionarla al hacer menos invasiva la toma de sangre para estudios clínicos. Si te han realizado algún estudio sabes que, por lo menos, van a tomar un tubo de sangre; así que cambiar la muestra por solo unas gotas sonaba a un buen trato, aunque al final resultó ser demasiado bueno para ser verdad.

Ahora imagina el caso de un estudio verdaderamente invasivo, como una biopsia —que involucra la extirpación de un trozo de tejido— o el Papanicolau, que requiere instrumentos que se introducen en el cuerpo de la mujer para obtener una muestra citológica que permita descartar el cáncer cervicouterino, producto del VPH. Además, estos métodos presentan limitaciones como su baja sensibilidad, entre 47% y 55%, lo que aumenta la posibilidad de obtener falsos negativos.

Esta fue otra de las problemáticas relacionadas con el virus que Terry y Mercedes identificaron, siempre bajo la premisa de desarrollar procedimientos no invasivos. Así, el doctor en ciencias Orlando Santillán, uno de los científicos involucrados en el proyecto de ATSOlona, se acercó con una idea: utilizar biomarcadores.

Él no sabía exactamente qué hacer con el proyecto. Mercedes le preguntó si “podía ser una prueba para cáncer en sangre”. Ese fue el inicio de Preventix, una prueba que analiza biomarcadores en sangre para detectar de forma temprana el riesgo de cáncer cervicouterino sin dolor ni incomodidad, así como del laboratorio Timser.

Por utilizar biomarcadores, la prueba podría haberse diseñado como diagnóstico, pero no quisieron hacerlo así. “Lo que nosotros queremos es encontrar a las mujeres que nadie está encontrando hoy [por la baja sensibilidad de las pruebas]. Y sobre todo, llegar a ese porcentaje de la población que por alguna razón no se acerca a la prueba”, dice Mercedes.

A nueve años de ese viaje, el pasado 18 de diciembre de 2024, Preventix fue aprobado por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) con un protocolo clínico adicional (Folio 243300410A1195/2024) para validar su metodología en la detección temprana del cáncer cervicouterino.

Un problema persistente en México y el mundo

Para entender la dimensión del problema que representa este virus, hay que recordar que es la infección de transmisión sexual más común en el mundo. De hecho, 80% de las personas sexualmente activas lo contraerá en algún momento sin presentar síntomas y, en la mayoría de los casos, el cuerpo lo eliminará por sí solo.

Existen más de 200 tipos de VPH, pero solo algunas variantes pueden derivar en cáncer —de alto riesgo oncogénico—, en particular los tipos 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58. Esto ocurre cuando el cuerpo no logra eliminarlos y permanecen activos durante varios años hasta que integran su ADN con las células del cuerpo y provocan mutaciones. Factores como un sistema inmunitario debilitado, infecciones genitales recurrentes y un inicio temprano de la vida sexual pueden aumentar el riesgo.

Otro factor que influye en el contagio del virus y su mortalidad es el lugar de origen de las personas infectadas. Las tasas son más altas en países en desarrollo que en los desarrollados, con una incidencia de 18.8 contagios frente a 11.3 por cada 100,000 habitantes, y una mortalidad de 12.4 frente a 5.2 por cada 100,000.

De hecho, América Latina y el Caribe ocupan el segundo lugar con mayor prevalencia de infecciones del cuello uterino por VPH con 16%, solo detrás del África subsahariana, que registra 24% de incidencia, de acuerdo con el informe Papilomavirus humano y cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien el virus afecta tanto a hombres como a mujeres, su impacto también es desigual por género: provoca alrededor de 620,000 nuevos casos de cáncer en mujeres y 70,000 en hombres.

A nivel mundial, el cáncer cervicouterino fue la cuarta causa de muerte en mujeres en 2022, con unos 660,000 nuevos casos y alrededor de 350,000 defunciones. Pero en México ocupa el segundo lugar. Hay cerca de 13 casos por cada 100,000 mujeres y una tasa de mortalidad de nueve por cada 100,000, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). La cifra de mortandad puede elevarse hasta 52% en las zonas más pobres, según señala el doctor Rafael Medrano Guzmán, director general del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, en un texto publicado en El Heraldo de México. Chiapas, el estado más pobre del país según el INEGI, supera la media de mortalidad con una tasa de 11.91%, muy cercana al promedio de los países en desarrollo. “Lo más doloroso es que el cáncer cervicouterino es 100% prevenible si se detecta a tiempo”, señala Mercedes.

Acceder a un diagnóstico si eres pobre

Los esfuerzos gubernamentales para combatir la enfermedad no son menores. En 2024, el IMSS realizó más de 3.7 millones de pruebas de Papanicolaou para detectar oportunamente el cáncer cervicouterino y, entre 2022 y 2024, llevó a cabo aproximadamente 25 campañas de detección temprana de cáncer de cuello uterino dirigidas a su población derechohabiente. Sin embargo, un estudio del Centro de Investigación en Salud Poblacional del Instituto Nacional de Salud Pública de Cuernavaca reportó que, en 2023, solo 47.5% de las mujeres entre 25 y 64 años en México había accedido a algún método de diagnóstico.

Existen múltiples barreras que limitan el acceso de las mujeres a estas pruebas. Para Mercedes, hay tres factores cruciales. El primero es el acceso. La cobertura de detección del cáncer cervicouterino, incluidas las pruebas de VPH, ha crecido muy poco en los últimos años y, si las mujeres viven en comunidades rurales, es menos probable que puedan realizarse un estudio médico. “Esto significa que miles de mujeres deben viajar entre dos y seis horas para poder hacerse un estudio preventivo. Imagina lo que implica en gastos de transporte, pérdida de ingresos, tiempo fuera de su casa. Tienen que encargar a sus hijos, pedir el día en el trabajo y pagar un transporte para poder hacerse esta prueba”, explica Mercedes.

La segunda barrera es económica. “Aunque las pruebas son gratuitas en el sistema público para todas las mujeres, llegar a ellas cuesta mucho dinero. Implica un gasto importante para las mujeres. Esto es prohibitivo para más de 40% de las mujeres que viven con ingresos menores a la línea del bienestar y que tienen que trabajar los siete días de la semana para mantener a sus familias”.

La tercera barrera es cultural y emocional. Mercedes señala que su investigación la ha llevado a datos como que más de 40% de las mujeres que no se han hecho la prueba es por vergüenza. Las mujeres que han sido víctimas de abuso sexual o violencia ginecológica tienen hasta 70% menos probabilidad de acudir a una prueba invasiva, porque el trauma asociado a la metodología es enorme.

También hay mujeres que optan por no hacerse la prueba porque no presentan síntomas, lo que refleja la falta de educación sexual en México. En el país, las niñas inician su vida sexual en promedio entre los 14 y 15 años; las mujeres tienen entre siete y diez parejas sexuales a lo largo de su vida, lo que aumenta su exposición al contagio; y las 30 madres mexicanas más jóvenes tienen entre 10 y 12 años, mientras sus parejas pueden ser hasta 53 años mayores, según el informe Nacimientos 2024 de la Secretaría de Salud.

Un problema adicional es que, a pesar del inicio temprano de la vida sexual, las campañas gratuitas de detección de cáncer cervicouterino solo contemplan a mujeres a partir de los 20 años y no a todas las sexualmente activas. “El cáncer tarda 10 años en desarrollarse. Tenemos 10 años para hacer algo, para encontrar a las mujeres que lo desarrollarán. Entonces, cada muerte o cada caso de cáncer cervicouterino realmente es un fracaso brutal del sistema”, sentencia Mercedes.

El problema del dinero

A más de 12 años de haber comenzado a abrirse camino en la industria farmacéutica, Mercedes y Timser han desarrollado y patentado 20 biomarcadores en 92 países con el objetivo de ofrecer soluciones innovadoras centradas en la prevención y detección temprana del cáncer cervicouterino y el VPH. Así crearon el primer laboratorio de investigación privado en América Latina enfocado exclusivamente en la salud femenina.

Por eso resulta sorprendente cuando Mercedes explica que, a pesar de encontrarse en pleno desarrollo de Preventix, con ATSOlona en etapa preclínica, un laboratorio consolidado y alianzas con instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), al comenzar la tarea de levantar inversión para la compañía “no conseguimos nada. Nadie nos invertía y ahí fue cuando nos empezó a caer el veinte, estamos solas. Recuerdo sentarme con mi mamá y decir: ‘Ma, ¿te das cuenta de que estamos solas? Nadie le va a meter a esto. ¿Crees en esto? Porque significa que vas a tener que meter tu patrimonio. Nadie le va a entrar’”, recuerda Mercedes.

A pesar de buscar financiamiento, crédito y apoyo gubernamental, incluso del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), el proyecto no calificaba por distintas razones: estar en fases iniciales, no ser una institución pública o incluso tener que ceder 50% de la propiedad intelectual. “Fue cuando nos dimos cuenta de que los proyectos de mujeres están abandonados”.

El Foro Económico Mundial señaló que la salud de la mujer representa una oportunidad de un billón de dólares para la economía global hacia 2040, con beneficios potenciales para varias generaciones. Por otro lado, un estudio de Deloitte mostró que, por cada dólar que se invierte en la mujer, regresan 4.7 dólares a la economía. “Qué feo tratarlo como de números, pero así funcionan los fondos. Así piensan: ‘A lo mejor sí es un buen negocio invertirle a la mujer’. Cada vez hay más apertura para buscar inversiones hacia la mujer, pero en estados mucho más avanzados. La parte de femtech en innovación aún es una semilla incipiente que enfrenta retos enormes”, señala Mercedes.

La salud femenina ha estado históricamente subrepresentada y subfinanciada. Solo recibe 5% de la financiación mundial destinada a investigación y desarrollo, a pesar de que las mujeres representan cerca de la mitad de la población mundial. Ese porcentaje se divide entre proyectos que abarcan desde fecundidad y menopausia hasta distintos tipos de cáncer, incluido el cervicouterino, lo que explica la dificultad de Mercedes para levantar capital.

Esta brecha de inversión tiene un impacto directo en la salud femenina. Se espera que las mujeres pasen 25% más tiempo con mala salud en comparación con los hombres, según un informe reciente del McKinsey Health Institute. “Si buscas patentes en México sobre cáncer cervicouterino, solo hay cinco. Esto incluye medicamento, diagnóstico y tratamiento. Pero si buscas cáncer de próstata hay más de 500”, señala Mercedes.

Tras invertir su propio patrimonio, Mercedes y Terry lograron registrar patentes en un lapso de dos años. Sería en 2019 cuando finalmente conseguirían una primera inversión.

“Era de un amigo que tuvo cáncer, se curó y, cuando le llevamos el proyecto, accedió a participar no porque lo entendiera sino porque él había padecido la enfermedad y, si su dinero podía hacer una diferencia, iba a participar”, platica Mercedes. “Esta fue la inversión que nos mantuvo hasta el año pasado, o sea, estuvimos seis años con una inversión muy pequeña, sin apoyos institucionales”.

La innovación a toda costa

Los retos para Timser no faltaron y la pandemia fue uno de ellos. Pero lo bueno de todo reto es que conlleva una oportunidad. Con todos los cierres, la posibilidad de realizar investigación en institutos prácticamente desapareció. “Lo único que podías investigar era el virus del covid-19, así como enfermedades respiratorias. Entonces hicimos un spin-off de este medicamento que utilizábamos para VPH”, dice Mercedes.

De esta oportunidad nació otra innovación: ATSOvid, un medicamento que inhibe el virus del SARS-CoV, la influenza y el virus sincitial respiratorio. Su administración es vía nasal y tiene una función múltiple antiviral, antiinflamatoria e inmunomoduladora. El medicamento ya cuenta con patente en México y Estados Unidos. Asimismo, Timser está en pláticas para que una farmacéutica lo distribuya en Latinoamérica y Estados Unidos.

“El objetivo sigue siendo el mismo: si cuentas con un medicamento, con una innovación que puede ser de amplio espectro y hacer mucho bien, hay que sacarlo al mercado y hacerlo realmente accesible para todos. Y así se diseñó, para que realmente pudiera llegar a todos”, cuenta Mercedes.

Esto la llevó a buscar que Timser se consolide como un laboratorio con innovación mexicana y de calidad, con protocolos clínicos orientados a desarrollar soluciones necesarias y accesibles. Preventix también está pensada para ser accesible. Hoy el enfoque está en que los laboratorios que realicen la prueba cuenten con los dispositivos necesarios para analizar el estudio y que el precio no solo pueda bajar, sino competir con el del Papanicolaou.

Ella señala una realidad clara: de nada sirve traer una innovación a México si nadie la puede pagar. Ya sea su compra o su desarrollo —lo que nos lleva nuevamente al problema de la falta de financiamiento—, esta situación fomenta la fuga de talento y provoca que la innovación del país se estanque.

Mercedes explica que la disparidad en la inversión provoca que no exista una industria femtech nacional consolidada, porque tampoco hay un sistema de innovación que permita introducir proyectos realmente novedosos. “Por ejemplo, COFEPRIS es muy bueno en muchas cosas, pero no tiene un espacio de innovación ni la apertura si los proyectos no se ajustan a normativas de hace 30 años. Entonces tienes que moldear tu propia innovación a una normativa anticuada”.

Otro reto es la falta de interés por parte de la inversión privada, ya que la investigación no es deducible de impuestos. Esto representa un obstáculo para los laboratorios no solo al momento de buscar capital con inversionistas, sino porque la investigación termina convirtiéndose en un gasto. “Entonces hacer investigación te cuesta 35% o más de tu presupuesto”.

Pero estos retos no han apagado la determinación de continuar con la innovación y la búsqueda de apoyo para Timser. El laboratorio fue nominado en la categoría Avance del Año en el desarrollo de diagnósticos por los Precision Medicine Awards.

Por ahora se concentran en ser distribuidores y producir los dispositivos de Preventix en México, pero entre sus objetivos a mediano plazo está la expansión internacional, así como lograr que la prueba llegue a más mujeres a través del apoyo gubernamental, ahora que cuentan con el aval de COFEPRIS. Esto resulta fundamental para llegar a las mujeres que inspiraron el proyecto desde el inicio, ya que en México 65% de la población se atiende en el sistema público de salud.

Por otro lado, en julio pasado el laboratorio ganó una convocatoria internacional llamada Tech4Eva, una aceleradora de empresas con sede en Suiza. “Justamente forma parte de nuestra estrategia de expansión”, dice Mercedes. “Buscamos socios estratégicos locales que se hagan cargo de la parte regulatoria en cada país, porque no tenemos la capacidad de hacerlo nosotros y al mismo tiempo distribuir”.

Asimismo, hoy trabajan en que los biomarcadores de pronóstico que utilizan para el cáncer también puedan convertirse en herramientas terapéuticas y permitir tratamientos más específicos para cada paciente. “Es decir, si resultas positiva a una proteína que indica que tienes cáncer cervicouterino, podemos hacer un tratamiento personalizado”.

El futuro no solo pinta prometedor para el emprendimiento de Mercedes y Terry, sino también para la vida de las próximas beneficiarias de una tecnología que busca mejorar el acceso a la salud y, con ello, transformar el resto de sus vidas.

Author

  • Marissa Espinosa

    es editora de Fast Company México. Ha trabajado en National Geographic Traveler, TV Azteca y Business Insider México. También ha colaborado en títulos como Fortune en Español.

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Sobre el autor

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