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A continuación, la Dra. Sunita Sah comparte cinco ideas clave acerca de la rebeldía de su nuevo libro, Defy: The Power of No in a World That Demands Yes (Desafía: El poder del no en un mundo que exige el sí).
Sah es una médica que se convirtió en psicóloga organizacional. Imparte clases a estudiantes de negocios y atención médica en la Universidad de Cornell y la Universidad de Cambridge, y fue delegada de la Comisión Nacional de Ciencias Forenses.
¿CUÁL ES LA GRAN IDEA?
Aprender a desafiar es importante, relevante y significativo para cualquiera que quiera alzar la voz cuando importa y hacer lo correcto en el momento oportuno.
Escucha la versión en audio de este fragmento del libro, narrado por la propia Sah, en la aplicación Next Big Idea, o compra el libro.
1. ESTAMOS PROGRAMADOS PARA CUMPLIR
Poco después del nacimiento de mi hijo, me desconcertaba con frecuencia que familiares bienintencionados me preguntaran: “¿Es bueno?”. En realidad, querían decir: “¿Duerme tu bebé cuando quieres? ¿Deja de llorar cuando quieres?”. En otras palabras, ¿hace lo que quieres que haga? ¿Obedece cuando se le dice?
Como persona que ha dedicado años a estudiar la rebeldía, esta ecuación moral que equipara la obediencia con la bondad siempre me ha desconcertado. Sin embargo, cuando mi bebé creció y se convirtió en un niño pequeño, me sorprendí repitiendo la misma ecuación que he cuestionado durante toda mi carrera: la obediencia equivale al bien, la rebeldía equivale al mal.
Y eso no es casualidad. Desde que nacemos, nos enseñan a obedecer: nuestros cuidadores, maestros y compañeros. El comportamiento obediente se recompensa con dopamina. Literalmente, moldea nuestras vías neuronales. No solo aprendemos a obedecer, sino que nos programamos para ello. Y esa programación nos acompaña hasta la edad adulta: en nuestros trabajos, relaciones y en los momentos en que más importa alzar la voz.
Pero esto es lo que me ha demostrado mi investigación: podemos cambiar esa mentalidad. Cuando comprendemos las presiones que nos llevan a la sumisión, podemos empezar a actuar de manera diferente. Requiere autoconciencia, esfuerzo y práctica, pero podemos desentrañar la idea de que la sumisión siempre es buena y la rebeldía siempre es mala. Podemos empezar a reconocer situaciones en las que la sumisión es realmente perjudicial y la rebeldía es lo que se necesita.
2. LA TENSIÓN ES TU FUERZA
Si estamos programados para obedecer, ¿qué se siente cuando esa programación choca con nuestros valores?
Al principio de mi carrera, cuando era médico residente en el Reino Unido, me invitaron a reunirme con un asesor financiero del hospital. Se llamaba Dan. Era encantador, me hizo muchas preguntas sobre mis escasos ingresos disponibles y entabló una excelente relación conmigo. Al cabo de una hora, me recomendó invertir en un fondo de inversión y se ofreció a redactar un informe. Todo ello, completamente gratis. Suena genial, ¿verdad?
En mi estado de cansancio, solté sin pensar: “¿Qué ganas tú con esto?”
Él sonrió y dijo: “Bueno, nada es gratis en esta vida. Recibo una comisión si inviertes en el fondo que te recomiendo”.
Esa revelación lo cambió todo. Durante la hora anterior, había pensado que Dan me estaba dando buenos consejos. Pero ahora que se reveló su verdadera intención, ya no confiaba tanto en él. Quizás sea lógico. Pero aquí está lo crucial: no quería que supiera que ya no confiaba en él. No quería que pensara que su revelación había dañado nuestra buena relación. No quería insinuar de ninguna manera que pensaba que era parcial o que me estaba dando malos consejos. Así que, de hecho, empecé a sentir más presión para decir que sí y firmar.
Esa sensación tiene un nombre. Yo la llamo ansiedad por insinuación: el miedo a insinuar algo negativo sobre alguien, sobre todo cuando lo tienes delante. Es una fuerza poderosa que nos mantiene callados y sumisos, no porque estemos de acuerdo, sino porque no queremos ofender. No queremos insinuar que nuestros jefes, compañeros de trabajo, amigos o familiares no son de fiar o son incompetentes.
Pero esa tensión que sientes, ese nudo en el estómago y esa sensación de mariposas en el pecho, no es debilidad. Es tu fortaleza. Aprender a escucharla es el primer paso hacia la rebeldía.
3. ENCUENTRA TU VERDADERO NO
Si la tensión es la señal, ¿cómo pasamos de sentirla a actuar en consecuencia? Mi investigación muestra que un verdadero “no” no es un juicio precipitado. Es un proceso que avanza a través de cinco etapas:
- Sentir esa tensión. A menudo la ignoramos; pensamos que no vale la pena dudar o que la otra persona sabe más. Es una lástima, porque esta es la primera señal de alerta que quizás debamos desestimar.
- Reconocer esa tensión. Comprender que la incomodidad que sientes es una señal de tu capacidad de decisión, no de tu debilidad, y determinar cuál de tus valores se está viendo comprometido.
- Escalar la situación. Expresar tu preocupación en voz alta a otra persona. Quienes manifiestan su incomodidad desde el principio tienen muchas más probabilidades de actuar en consecuencia. En esta etapa, puedes mantener una postura respetuosa simplemente diciendo: «No me siento cómodo con esto» o preguntando: «¿Lo has considerado de esta otra manera?».
- Amenazar incumplimiento, es decir, hacerles saber a los demás que quizás no estés de acuerdo. Algo así como: “No puedo firmar ese informe a menos que se publiquen esas frases”.
- El acto de desafío en sí mismo. Tu verdadero número.
Estas etapas no siempre se suceden en orden. Puedes saltarte una, alternar entre dos o volver sobre tus pasos. Pero comprender que la rebeldía es un proceso es liberador, porque significa que no tienes que esperar un momento dramático de valentía. Y lo más sorprendente es que, si llegas a la quinta etapa, la tensión presente desaparece. Se desvanece. Te sientes en sintonía con tus valores y con aquello que defiendes. Es más honesto, más auténtico e incluso gozoso cuando se libera la presión.
Muchos actos de rebeldía famosos siguen estas etapas. Rosa Parks no tomó una decisión espontánea con su famoso acto de rebeldía en aquel autobús. Se había estado preparando —durante décadas— para ese momento. Un verdadero no no es solo un no a la situación; es un verdadero sí a tus valores.
4. LA REBELDÍA ES UNA PRÁCTICA, NO UNA PERSONALIDAD
Mi madre era la persona más sumisa que conocía. Menuda —apenas medía 1.47 metros—, era tranquila, amable y evitaba los conflictos. Se disculpaba cuando alguien le pisaba el pie. Durante gran parte de mi infancia, pensé que así era la bondad: ser sumisa, no rebelde.
Hasta que un día, cuando tenía 7 años, íbamos caminando a casa desde el supermercado en West Yorkshire, Inglaterra, arrastrando nuestro destartalado carrito de la compra por un callejón estrecho, un snicket, como lo llamábamos. Un grupo de chicos adolescentes nos bloqueó el paso. Uno de ellos gritó: “¡Vuelvan a casa!”.
Mi entrenamiento se activó. Bajé la mirada, agarré el brazo de mi madre e intenté arrastrarla para que pasara junto a ellos. Pero no se movió. Mi madre, tranquila, respetuosa y nunca conflictiva, se detuvo, se giró, miró fijamente a los chicos y les dijo —con calma pero con firmeza—: “¿Qué quieren decir?”.
Me quedé atónita. Y en ese instante, todo lo que creía saber sobre quién desafía y quién no empezó a desmoronarse. Pensamos que la rebeldía pertenece a cierto tipo de persona: alguien audaz, intrépido, extraordinario; pero no es así. Podemos elegir ser rebeldes un día y sumisos al siguiente. No es una cuestión de personalidad.
La rebeldía es una habilidad, y como cualquier otra, podemos entrenarla. Podemos practicar en pequeños momentos, como devolver el café equivocado o decirle al peluquero que deje de cortar, para estar preparados cuando lleguen los momentos importantes. Aquel momento en el callejón me enseñó que no hace falta ser de una manera determinada para rebelarse. Solo necesitas estar conectado con lo que de verdad importa.
5. CONVIÉRTETE EN UN INCONFORMISTA MORAL
Solemos pensar en la rebeldía como algo ruidoso, agresivo y violento: alguien desafiando tanques o alzando el puño ante el mundo. Pero mucha rebeldía se manifiesta en silencio, entre bastidores. Y no siempre requiere superpoderes. Rebelde simplemente significa saber quién eres y actuar en consonancia con esos valores. A eso le llamo ser un inconformista moral. No un rebelde sin causa, sino una persona con una brújula moral que decide actuar conforme a ella.
Todo empieza con una sola persona. Un chico en un callejón que les dice a los demás: “Eso no está bien, déjenlos pasar”, para que una madre inmigrante no tenga que cargar con ese peso sola. Un movimiento de cabeza, un clic de un teléfono móvil. Una persona que dice: “No, eso no está bien”.
Durante demasiado tiempo, la conformidad ha sido nuestra norma. Hemos dicho sí tantas veces que hemos olvidado su significado. Y hemos reservado el no para los problemáticos. Pero cada acto de consentimiento, conformidad y disidencia moldea no solo nuestra propia historia, sino también la de nuestra sociedad, nuestros lugares de trabajo y nuestro mundo. Es hora de equiparar el no con el sí. Elección tras elección. Decisión tras decisión. Cada uno de nosotros tiene el poder de desafiar.
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Este artículo apareció originalmente en la revista Next Big Idea Club y se reproduce con autorización.
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