[Imágenes: PaleStudio/Adobe Stock]
Muchos observadores del sector tecnológico creyeron inicialmente que los ingenieros de software escasearían ante la llegada de la inteligencia artificial (IA). Pero no ha sido así, en parte gracias al ingenio humano.
“Los ingenieros de software dedican menos tiempo a programar”, afirma Aneesh Raman, director de oportunidades económicas de LinkedIn, quien acaba de publicar el libro Open to Work: How to Get Ahead in the Age of AI. “Pero ahora tienen la oportunidad de crear cosas de una forma que antes no era posible. Participan en conversaciones con clientes y consumidores, o reflexionan sobre las implicaciones éticas de sus proyectos”.
En su libro, Raman y su coautor, el CEO de LinkedIn, Ryan Roslansky, argumentan que no tiene sentido intentar vencer a la IA en su propio terreno y superarla en tecnología. En cambio, los trabajadores preocupados por ser desplazados por la IA deberían centrarse en lo que aportan y que no puede automatizarse.
“Uno de los argumentos principales que presentamos en el libro es: Los trabajos no son títulos”, afirma. “Son un conjunto de tareas”. Raman clasifica esas tareas en tres categorías. Una de ellas incluye las tareas que se pueden automatizar o simplificar con IA; la segunda, las nuevas funcionalidades que se pueden lograr aprovechando la IA. Pero la categoría más importante es la última, que abarca lo que es “único de cada persona”.
“Nadie te supera en ser tú mismo”, dice Raman. “Ni siquiera la IA”.
La ventaja que le llevamos a la IA
Según Raman, son estas habilidades las que cobran relevancia en la era de la IA. Las habilidades blandas, a menudo infravaloradas, adquieren una nueva importancia a medida que la IA reduce el valor de la destreza técnica. “Durante generaciones, hemos valorado las habilidades técnicas y analíticas por encima de todo”, afirma. “Y hemos descrito estas habilidades interpersonales —estas habilidades humanas— como blandas de una manera muy despectiva. Pero esto está a punto de cambiar”.
En su libro, Raman y Roslansky buscaron definir mejor qué constituyen las habilidades blandas, para lo cual recurrieron a neurocientíficos, psicólogos y economistas conductuales. Propusieron “las cinco C”: curiosity, compassion, creativity, communication, and courage (curiosidad, compasión, creatividad, comunicación y valentía) para capturar las cualidades en las que la IA “puede ayudarnos, pero en las que no puede superarnos”.
Raman también quiere replantear estos atributos como habilidades que se pueden mejorar con el tiempo, en lugar de rasgos fijos o innatos. “Parte del problema con la forma en que pensábamos sobre estas habilidades no es solo que las consideráramos blandas”, dice. “También dijimos que muchas de ellas son talentos, no habilidades; la creatividad es un buen ejemplo. Puedes mejorar en cualquiera de estas cinco C. Solo tienes que practicar cada día. Y salir de tu zona de confort”.
El discurso apocalíptico sobre la IA se ha centrado principalmente en las consecuencias para los trabajadores de oficina y, sobre todo, para los recién graduados universitarios. Si bien todo tipo de trabajadores corren el riesgo de ser automatizados, incluidos aquellos que no tienen un título universitario de cuatro años, Raman cree que los graduados universitarios se encuentran en una mejor situación de lo que la cobertura mediática podría hacerles creer.
Los más vulnerables
“Si acabas de terminar la universidad, todos los titulares te dicen que esto es terrible para ti ahora mismo”, afirma. “Empieza por tus puntos fuertes. Probablemente sales de la universidad con mayor dominio de la IA que cualquier otra generación. La has tenido durante tus cuatro años de carrera. Además, sales con una mentalidad más emprendedora. Conoces la economía colaborativa, los trabajos paralelos, la economía de los creadores. No crees que vayas a conseguir un solo trabajo en una sola empresa y que ahí se acabe todo. Esas son las dos habilidades más importantes para cualquiera ahora mismo: dominio de la IA y espíritu emprendedor”.
De hecho, no cree que los graduados universitarios sean los más vulnerables en este momento. Señala a las personas de su mismo grupo de edad: la generación de trabajadores que se apoyó en las vías tradicionales para alcanzar el éxito, ya sea un título universitario o ascender en la jerarquía de una empresa. “Las personas que más me preocupan son las que nunca han fracasado, nunca han tenido que adaptarse, nunca han tenido que lidiar con la incertidumbre”, afirma.
Como han afirmado numerosos economistas, nadie sabe con certeza qué nos depara el futuro. Con su libro, Raman espera contribuir a disipar el fatalismo y la sensación de inevitabilidad que han dominado los debates sobre cómo la IA transformará el mercado laboral.
“Nada de esto está predeterminado”, afirma. “Olvídate de lo que sucede a tu alrededor. No esperes que los directores ejecutivos, la inteligencia artificial o los titulares tengan las respuestas. Concéntrate en lo que puedes controlar”.
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