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Por qué podrías tener razón al abandonar una fiesta sin despedirte de nadie

La salida silenciosa puede ser respeto propio, no indiferencia. Conocer tus límites fortalece tus vínculos.

Por qué podrías tener razón al abandonar una fiesta sin despedirte de nadie [Imagen generada con IA]

Ya sea que lo llames despedida irlandesa, salida francesa o filer à l’anglaise (salida a la inglesa), como prefieren los franceses, el acto de escabullirse discretamente de una fiesta es un impulso social común. Los brasileños lo llaman sair à francesa (a la francesa) y los alemanes Polnischer Abgang (salida polaca). Sea cual sea el nombre, el concepto es el mismo: un momento estás allí, al siguiente has desaparecido en la noche sin largas explicaciones, abrazos ni promesas de volver a veros pronto.

El patrón es revelador: cada cultura tiene un término para ello, y cada cultura culpa a alguien más. Esa evasión colectiva sugiere que, en cierto modo, ya sabemos que salir sin avisar es una transgresión social.

Pero para quienes padecemos ansiedad, esa salida silenciosa no es una falta de respeto. Si bien los puristas de la etiqueta probablemente insistirán en que irse sin despedirse es una falta de respeto social, algunos psicólogos argumentan que es una estrategia para sobrellevar la ansiedad. He aquí por qué escabullirse sin decir adiós podría ser la decisión más saludable que tomes en toda la noche.

La salida silenciosa

Si lo analizamos a fondo (y seamos sinceros, quienes padecemos ansiedad, introversión, neurodivergencia o enfermedades crónicas lo hemos analizado en detalle, con pasos angustiantes), decir adiós es un ritual cultural cargado de significado. Es una actuación que exige gran habilidad social, precisión y sutileza.

Las despedidas son situaciones que exigen mucha atención y, lamentablemente, al final de un evento social, muchos de nosotros ya estamos agotados y no tenemos la energía suficiente para afrontar todos los pasos que conlleva.

Para muchos de nosotros, socializar puede significar sentirnos abrumadosestar constantemente pendientes de cómo nos perciben los demás, intentar encajar en las expectativas ajenas, compararnos con los demás y preocuparnos por el rechazo. Puede ser agotador sentir que uno está constantemente intentando ser la mejor versión de sí mismo.

Cuando socializar implica adaptarse constantemente a las expectativas de los demás, la opción más saludable es usar tus últimas energías para recargarte y cuidarte. No te vayas de la fiesta completamente agotado, sin nada que te permita recuperarte.

A veces queremos irnos en silencio porque irnos ruidosamente se siente como gritar: “¡Importo! ¡Mírenme, me voy!”. La verdad es que muchos de nosotros creemos que no importamos tanto, así que no nos despedimos porque no sentimos que merezcamos la atención.

Evalúa tu desempeño social

A veces, una salida silenciosa es una muestra de respeto propio, de cuidar tus energías, incluso si disfrutaste mucho de la velada. Otras veces, sin embargo, es un acto de evasión personal. Te marchas sin decir adiós porque crees que a nadie le importará, que no eres lo suficientemente importante como para armar un escándalo al irte.

Irse en silencio puede convertirse en una forma de protegerse de la incomodidad de la despedida. Pero la salida silenciosa tiene sus pros y sus contras. Pregúntate si irte sin decir nada enriqueció tu vida (conservaste energía suficiente para recuperarte y te alegra volver la próxima vez) o si, por el contrario, la empeoró, añadiendo otra razón para evitar socializar por completo.

Si analizas tu despedida y la evalúas negativamente, la siguiente te resultará aún más difícil. Ten cuidado de contrastar tus reflexiones posteriores al evento con la realidad. Por lo general, no es tan malo como crees, especialmente si evalúas tu desempeño a través del prisma distorsionador de la ansiedad.

La opción más saludable de todas

Siempre existe una tensión entre el deseo de pertenecer y el de ser uno mismo. Si decir adiós se vuelve tan forzado y artificial que se pierde la autenticidad, entonces la conexión empieza a costar más de lo que vale.

Si sientes que necesitas ser un camaleón para sobrevivir a las complejidades de la vida social, la opción más saludable es encontrar la manera de ser quien realmente eres. Busca la forma de decirles a tus amigos y familiares que alejarte discretamente es algo que necesitas debido a cómo funciona tu sistema nervioso y tu psicología, y no un reflejo de la relación. Las investigaciones demuestran que ser tú mismo y tener buenas relaciones sociales van de la mano.

Y si eres neurodivergente, ser sincero sobre lo que necesitas puede parecer un riesgo, pero también puede ser una forma de encontrar aceptación, apoyo y comprensión cuando les haces saber a los demás lo que necesitas y te gusta.

Si te sientes ansioso, conviene avisar a tu anfitrión con antelación que quizás necesites marcharte discretamente. De lo contrario, existe el riesgo de que se malinterprete, como frialdad o indiferencia.

Anticípate a los problemas avisando a la gente que te irás sin despedirte y que agradeces la invitación. Las personas ansiosas no son malas en las relaciones. Simplemente, las relaciones funcionan mejor cuando todos comprenden las necesidades del otro.

Menos es más

Cada vez se cree más que ser selectivo con la vida social no es ser antisocial; algunos psicólogos lo llaman “sociabilidad selectiva“. Elegir bien los momentos implica tener más que ofrecer cuando realmente importa. El objetivo no es aislarse, sino invertir en relaciones más profundas y en una presencia real, en lugar de la superficialidad del contacto en línea, a menos que este fomente una conexión significativa.

En un mundo donde aparentar hacer lo correcto ha empezado a primar sobre el hecho de hacerlo, la sociabilidad selectiva ofrece una solución. Conocer nuestros límites y hablar abiertamente de ellos, cuando sea posible, no debilita la conexión, sino que ayuda a crear relaciones que se sienten auténticas y duraderas.

Si escabullirse sin armar un escándalo aumenta las probabilidades de ir a la próxima fiesta, entonces es una decisión que favorece una mayor conexión social y, por lo tanto, beneficia tu salud.


Trudy Meehan es profesora del Centro de Psicología Positiva y Salud de la Universidad de Medicina y Ciencias de la Salud.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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