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La Copa Mundial invirtió 1,000 mdd en sistemas de seguridad. ¿Qué sucede cuando termine el torneo?

El nivel de vigilancia en torno a esta Copa Mundial ha levantado alertas en temas de privacidad y derechos humanos.

La Copa Mundial invirtió 1,000 mdd en sistemas de seguridad. ¿Qué sucede cuando termine el torneo? Una cámara de seguridad frente a un anuncio publicitario con temática futbolística protagonizado por el delantero mexicano-argentino Santiago Giménez en las afueras del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el 6 de junio de 2026, antes de la Copa Mundial de la FIFA 2026. [Foto: Getty Images]

El Mundial de la FIFA 2026 es el mayor evento deportivo de la historia. También es la Copa Mundial más vigilada de la historia. Si visitas o te desplazas por las ciudades sede, tanto tú como tu rostro, comportamiento, movimientos y dispositivos están siendo monitoreados por gobiernos y empresas privadas.

El gobierno de Estados Unidos destinó más de 1,000 millones de dólares a la protección de centros de transporte, estadios y áreas circundantes; a la mejora de operaciones tácticas como los equipos antibombas y los equipos SWAT; y a la adquisición y modernización de equipos. Ha sido una mina de oro para el sector privado.

Gran parte de la inversión en vigilancia se realizó con el fin de prevenir daños por el uso no autorizado de drones. De hecho, la protección contra esta amenaza está impulsando la creciente colaboración entre el gobierno y el sector privado en el desarrollo y la adquisición de tecnología de vigilancia, lo que plantea un riesgo diferente: la privacidad.

Como abogada, autora y educadora con décadas de experiencia en privacidad y vigilancia, he asesorado a las fuerzas del orden sobre el uso de drones y entiendo que la seguridad es fundamental para proteger a las personas. Sin embargo, el argumento de la seguridad suele ser el catalizador para financiar, desarrollar e incrementar las capacidades de vigilancia gubernamental, lo que erosiona las libertades civiles, coarta la libertad de expresión y socava la libertad de asociación.

Y, según mi experiencia, las políticas y los sistemas tecnológicos que favorecen la vigilancia, una vez implementados, rara vez desaparecen.

Cámaras, drones e IA

El nivel de vigilancia en torno a esta Copa Mundial y los cambios en la legislación y las políticas de inmigración de Estados Unidos llevaron a más de 120 organizaciones de la sociedad civil —entre ellas Amnistía Internacional y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU)— a emitir una advertencia de viaje. Estas advierten que quienes visiten Estados Unidos podrían sufrir daños que vulneran las obligaciones legales del país en materia de derechos humanos.

Dicha advertencia enumera los riesgos de vigilancia invasiva en redes sociales, registros de dispositivos electrónicos, discriminación racial, arresto, detención, deportación e incluso la muerte. Los gobiernos europeos también han emitido advertencias de viaje alertando sobre la vigilancia y la discriminación racial.

La vigilancia basada en IA está desempeñando un papel fundamental en toda la Copa Mundial. Los estadios de las ciudades anfitrionas están equipados con cámaras de reconocimiento facial que pueden recopilar y analizar datos biométricos faciales de las personas dentro y alrededor de los estadios. Estos datos pueden conservarse y utilizarse en el futuro sin el conocimiento ni el control de quienes tienen sus datos biométricos recopilados.

La proliferación del reconocimiento facial en eventos refleja una tendencia global más amplia que normaliza la vigilancia biométrica a medida que estos sistemas se extienden por las ciudades.

Muchos estados, como Nueva York, están utilizando fondos federales para la seguridad de la Copa Mundial para aumentar el número, las capacidades y el uso de drones por parte de las fuerzas del orden. Los drones son herramientas de vigilancia extraordinariamente capaces y potentes, fáciles de equipar con cámaras, micrófonos, sensores avanzados y armas.

El software autónomo con soporte de IA permite a los drones monitorear áreas, rastrear movimientos y recopilar información. Los drones pueden ser lo suficientemente potentes como para escanear ciudades enteras o acercarse y leer un cartón de leche desde 18 metros de altura. Pueden transportar tecnología que les permite funcionar como una antena de telefonía móvil, lo que permite a las fuerzas del orden determinar la ubicación de una persona o interceptar mensajes de texto y llamadas telefónicas. Las redes de drones a nivel urbano podrían convertirse en la nueva normalidad.

Las cámaras también se están multiplicando en tierra. Perros robot equipados con cámaras patrullan Texas y Nueva Jersey. Y el alcalde de Seattle decidió activar y ampliar un importante sistema de circuito cerrado de televisión que había sido desactivado previamente por preocupaciones sobre la privacidad biométrica.

Si bien el alcalde de Seattle afirmó que la ciudad está perfeccionando sus políticas para proteger los datos de vigilancia, numerosos estados y ciudades, con la ayuda de fondos federales relacionados con la seguridad de la Copa Mundial, están expandiendo rápidamente sus sistemas de circuito cerrado de televisión. Algunos sistemas se instalaron hace décadas en importantes zonas urbanas de gran afluencia turística, como Times Square en Nueva York y el National Mall en Washington D.C.

Hoy en día, los sistemas de circuito cerrado de televisión cubren áreas mucho más extensas y, gracias a los avances en software de IA, análisis de datos y mayores capacidades técnicas, como la termografía, se puede obtener mucha más información de los datos capturados. Los sistemas de circuito cerrado de televisión ahora pueden detectar, identificar y clasificar objetos, personas e incluso su comportamiento. Los centros gubernamentales de fusión de datos pueden combinar esta valiosa información con otros datos de inteligencia y analizarla para identificar individuos y revelar y predecir patrones y comportamientos.

Vigilancia al viajar hacia y dentro de Estados Unidos

El uso cada vez mayor por parte del gobierno de herramientas avanzadas de vigilancia con IA es solo uno de los factores que contribuyen al riesgo para la privacidad. La ausencia de leyes integrales de protección de datos y los cambios en la legislación y las políticas ejecutivas estadounidenses en materia de inmigración y género hacen que viajar hacia y dentro de Estados Unidos represente un riesgo para la seguridad y la privacidad.

El 8 de septiembre de 2025, la Corte Suprema emitió un fallo que, según los críticos, permite la discriminación racial en las operaciones de control migratorio.

Además, el 20 de enero de 2025, el presidente Donald Trump emitió una orden ejecutiva sobre género que obliga a las agencias federales a reconocer únicamente los marcadores de sexo masculino y femenino en los documentos de identidad. Países europeos, como Alemania, han advertido a sus ciudadanos transgénero y no binarios que podrían ver denegada su entrada a Estados Unidos debido a esta directiva.

En conjunto, estos cambios afectan la logística de viajes, los requisitos de documentación y los cruces fronterizos.

¿Qué sucede después de los juegos?

La verdadera prueba será lo que ocurra una vez finalizado el Mundial y cuando los visitantes regresen a casa. Existe poca supervisión o control sobre estas alianzas público-privadas de tecnología de vigilancia financiadas por el gobierno federal. Resulta difícil para el público determinar qué datos se recopilan, cómo se utilizan, comparten y analizan, y qué sucederá con estos sistemas, alianzas y datos una vez concluido el partido final.

Los legisladores federales, estatales y locales tienen la oportunidad de abordar gran parte de este problema mediante la creación de salvaguardias para la privacidad de los datos y el cumplimiento de los sistemas de IA, así como exigiendo transparencia. Sin embargo, en mi opinión, los esfuerzos de gobernanza realizados hasta la fecha no son prometedores.

Anne Toomey McKenna es profesora afiliada del Instituto de Ciencias Computacionales y de Datos de Penn State.

Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.

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