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La web está cada vez más inundada de contenido generado por IA o “AI slop”, material barato y desechable creado con herramientas de IA generativa. Pero mientras que los oportunistas digitales inundan las plataformas con contenido de baja calidad, los primeros indicios sugieren que el público no lo consume en gran medida.
Un nuevo análisis de la economía creativa, publicado en el repositorio en línea arXiv y que forma parte de un nuevo libro, sugiere que el contenido generado por IA podría representar ahora 44% de las subidas en algunas plataformas, mientras que solo genera entre el 1% y 3% de las reproducciones.
El contenido generado por IA podría haber alcanzado lo que Peter Woodbridge y John O’Hare, coautores de Dream Machine, un libro sobre la nueva economía creativa, denominan un “límite de consumo”. El público parece tener un límite en la cantidad de contenido generado por IA que está dispuesto a consumir.
Los autores no están del todo seguros de por qué existe este límite. Woodbridge, uno de los investigadores que participó en el análisis, afirma que los primeros indicios apuntan a un problema a nivel de plataforma, más que a un rechazo por parte del consumidor. “Puedes crear todo lo bueno que quieras, pero lo difícil en la música, o en cualquier medio creativo, siempre es el descubrimiento”, afirma. El bajo porcentaje de reproducciones de contenido generado por IA, argumenta, no prueba necesariamente que todo sea malo. Demuestra que los sistemas de recomendación y las comunidades de fans que ofrecen respaldo humano están ganando terreno, al menos por ahora.
El torrente de contenido de baja calidad sigue creciendo. Woodbridge señala los juegos para dispositivos móviles, donde, según él, se han lanzado 186,000 títulos solo en los últimos seis meses, muchos creados por humanos utilizando herramientas de IA o mediante flujos de trabajo intensivos en IA. “¿Se ven y se disfrutan? No lo sé”, dice. “Aumenta el volumen, pero ¿aumenta la calidad?”.
Una respuesta, argumenta Woodbridge, es una mejor selección de contenido. “Es la selección humana, es la capa de selección”, afirma Woodbridge. Internet siempre ha necesitado filtros, desde la búsqueda de Google hasta los influencers, los periodistas y las comunidades de fans. Pero a medida que aumenta la búsqueda mediante IA y la web se convierte en un cúmulo de ruido y poca información útil, las comunidades de confianza podrían adquirir mayor importancia, no menor.
Woodbridge también señala que las investigaciones suelen revelar que a las personas les cuesta distinguir entre el trabajo humano y el creado por IA, pero “en cuanto se les dice que es obra de IA, la situación cambia radicalmente”. Esto complica la simple dicotomía cultural entre humanos y máquinas.
Dado que la IA ya es utilizada por cientos de millones de personas, es improbable que la próxima fase de la economía creativa se centre en la IA frente al ser humano. Lo más probable es que sea una combinación de “humano e IA”. A Woodbridge le preocupa que esto pueda generar una capa “oculta y no autorizada” de uso de la IA, donde los creadores recurran a estas herramientas para obtener una ventaja competitiva, pero se sientan cohibidos al admitirlo.
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