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Una planta que sobrevive en la Antártida podría ayudar a crear cultivos resistentes al clima extremo

Investigadores liderados desde Chile completaron el genoma de Colobanthus quitensis, una planta capaz de sobrevivir al frío, sequía y radiación extrema de la Antártida.

Una planta que sobrevive en la Antártida podría ayudar a crear cultivos resistentes al clima extremo [Imagen por: Frida Quiñones / Fast Company México]

Científicos liderados desde Chile completaron el mapa genético más preciso hasta ahora de Colobanthus quitensis, una de las pocas plantas con flores capaces de sobrevivir naturalmente en la Antártida. Sus genes podrían ofrecer pistas para desarrollar cultivos más resistentes a sequías, frío y radiación.

La solución a algunos de los problemas agrícolas del futuro podría estar creciendo lentamente entre hielo, viento y temperaturas extremas.

Se llama Colobanthus quitensis, una pequeña planta conocida como clavelito antártico. Y acaba de entregar a los científicos algo parecido a su manual de instrucciones.

Un equipo liderado por investigadores chilenos produjo el mapa genético a escala cromosómica más completo hasta ahora de esta especie, una de las únicas dos plantas vasculares nativas de la Antártida. La investigación podría ayudar a estudiar cómo ciertos cultivos podrían adaptarse mejor a fenómenos climáticos extremos. El hallazgo llega en un momento particularmente relevante para la agricultura. Calor extremo, sequías y cambios en los patrones de lluvia están obligando al sector a pensar no solamente en cómo producir más alimentos, sino en cómo producirlos en un planeta diferente.

¿Qué tiene de especial una planta tan pequeña?

Sobrevivir en la Antártida exige una colección bastante extraordinaria de habilidades. Colobanthus quitensis puede soportar temperaturas extremadamente bajas, poca disponibilidad de agua y niveles elevados de radiación ultravioleta. Es precisamente esa combinación la que ha convertido a la planta en objeto de interés científico.

El nuevo estudio, publicado en Genome Biology and Evolution, consiguió organizar su genoma en 40 estructuras a escala cromosómica. La secuencia completa abarca aproximadamente 887 millones de pares de bases. Tener este mapa permite comenzar a hacer una pregunta mucho más específica:

¿Qué genes hacen posible que sobreviva allí?

Del hielo antártico a nuestros alimentos

Los investigadores esperan identificar características que eventualmente puedan aprovecharse mediante técnicas de edición genética en cultivos de interés alimentario. Eduardo Castro-Nallar, uno de los autores principales del estudio, explicó que la intención no sería simplemente introducir genes de una especie en otra, sino utilizar información genética para editar plantas que ya poseen valor nutricional. Las aplicaciones comerciales todavía podrían tardar entre cinco y 10 años. Eso hace importante evitar titulares milagrosos.

Mañana no tendremos maíz antártico. Pero disponer de un genoma de alta calidad crea una nueva plataforma para investigar mecanismos de tolerancia al frío, déficit hídrico y radiación. Fast Company México ya ha contado cómo la agricultura de precisión está utilizando IA, drones y sensores para anticipar sequías, plagas y otros riesgos.

El trabajo con Colobanthus quitensis ataca el mismo problema desde otra capa: la planta misma.

Chile ya tiene experiencia intentando adaptar cultivos

La conexión latinoamericana hace que la investigación sea especialmente interesante. No es la primera vez que científicos chilenos trabajan en soluciones agrícolas vinculadas a las nuevas condiciones climáticas. Fast Company México documentó el desarrollo de un arroz chileno capaz de adaptarse mejor al cambio climático, desarrollado después de años de sequía.

Ahora, la Antártida funciona casi como un laboratorio natural. Mientras la agricultura convencional intenta proteger plantas frente a condiciones extremas, Colobanthus quitensis lleva generaciones sobreviviendo precisamente dentro de ellas.

La ciencia intenta entender cómo.

Los cultivos del futuro tendrán que ser diferentes

El desafío no es menor. Por eso la adaptación agrícola probablemente necesitará varias soluciones al mismo tiempo, Mejor riego, Agricultura regenerativa, Sensores, Inteligencia artificial, Nuevas prácticas de cultivo,Y también plantas capaces de resistir mejor condiciones que antes eran poco frecuentes.

La biodiversidad también es una biblioteca tecnológica

Hay otra lectura interesante del descubrimiento. Cuando hablamos de tecnología solemos imaginar computadoras, robots o laboratorios. Pero millones de años de evolución ya resolvieron problemas de ingeniería extraordinariamente complejos. Plantas que sobreviven con poca agua, organismos capaces de resistir temperaturas extremas, animales adaptados a niveles extraordinarios de presión. La biodiversidad funciona, en cierto sentido, como una enorme biblioteca de soluciones. Lo que la ciencia está aprendiendo a hacer es leerla.

El clavelito antártico no fue diseñado para salvar la agricultura. Simplemente aprendió a sobrevivir en uno de los lugares más difíciles del planeta. Pero entender cómo lo hace podría terminar ayudándonos a cultivar alimentos en un mundo que también se está volviendo más difícil. Y eso convierte a una diminuta planta antártica en una fuente inesperada de optimismo.

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