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Hablamos mucho de liderazgo visionario. Ya saben, la capacidad de anticiparse a los acontecimientos, detectar patrones emergentes e imaginar futuros que aún no existen. Todas estas son actividades muy importantes para el trabajo estratégico. Pero algo que rara vez consideramos es qué sucede cuando el instrumento físico de la visión se ve amenazado. Dicho de forma más directa, ¿qué sucede cuando nuestros ojos sucumben al asalto diario del tiempo frente a la pantalla del celular?
Recientemente conversé con la doctora Valerie Sheety-Pilon, vicepresidenta senior de asuntos clínicos y médicos de VSP Vision Care, cuya organización lleva tres años analizando el estado de la salud visual en la fuerza laboral estadounidense. Los datos que compartió me impactaron profundamente y transformaron mi perspectiva sobre la infraestructura del trabajo creativo e imaginativo. A continuación, presento tres de mis conclusiones principales.
Idea número 1: La crisis visual se acelera más rápido de lo que pensamos
Hace tres años, el Informe de Salud Visual en el Lugar de Trabajo de VSP reveló que 50% de los trabajadores presentaba al menos un problema ocular.
Yo sin duda me incluyo en esa categoría: tengo gafas de lectura de repuesto en cada habitación de mi casa. Pero el año pasado, esa cifra había aumentado a 63%. Hoy en día, es de 66% y sigue en aumento. Esto representa un incremento de 16 puntos porcentuales en tan solo tres años, y afecta tanto a quienes trabajan en oficinas como a quienes no.
El culpable no es misterioso. Actualmente pasamos más de 100 horas semanales frente a pantallas: teléfonos, tabletas, monitores y televisores. Esta “carga visual” constante, como la denomina Sheety-Pilon, genera molestias visuales relacionadas con el uso de pantallas a un ritmo que nuestros espacios de trabajo no están diseñados para soportar.
Según la investigación de VSP, las consecuencias son una menor productividad, menor capacidad de concentración y una disminución en la calidad del trabajo, efectos que también impactan en tu liderazgo.
Cuando le pregunté a Sheety-Pilon si la fatiga visual también podría afectar el pensamiento de orden superior (ese tipo de imaginación, resolución de problemas y asociación creativa que yo llamo
asombro), no lo dudó. “Hay estudios que relacionan la fatiga visual con ese resultado imaginativo de la creatividad. Una alta carga visual está afectando la salud cognitiva como parte de ese proceso”, me dijo.
Idea número 2: El cuerpo es un sistema, no una colección de compartimentos estancos
Es en este punto donde la perspectiva de Sheety-Pilon coincidió profundamente con la mía sobre lo que necesitamos en nuestra actual “era de la Imaginación”. En mi libro Muévete. Piensa. Descansa, señalo que nuestra inteligencia sensible capta constantemente señales y datos a través de nuestro cuerpo que informan y enriquecen nuestra toma de decisiones cognitivas y racionales. Estamos programados para usar todo nuestro ser, no solo nuestra corteza prefrontal.
Sheety-Pilon lo define como la “capacidad sensorial visual”, un componente fundamental dentro de un sistema sensorial dinámico e interconectado. “Si mejoramos nuestra visión, luego nuestra audición y, finalmente los demás sentidos que se integran, podemos lograr ese conjunto perfecto que nos permita ser la mejor versión de nosotros mismos cada día”, me explicó.
En otras palabras: el ojo no es un órgano aislado. Es una puerta de entrada al tejido nervioso, al procesamiento sensorial y a la imaginación misma. Cuando tratamos la salud visual como un simple indicador de bienestar en lugar de una infraestructura organizacional, como ella lo expresó, no logramos comprender la conexión entre la salud ocular, las afecciones sistémicas y el bienestar general.
Esto coincide con lo que el neurocientífico John Medina escribe en Reglas cerebrales para el trabajo, donde argumenta que, idealmente, deberíamos alejarnos del escritorio cada 35 o 40 minutos, no como un beneficio, sino como una necesidad neurológica para un alto rendimiento sostenido.
Idea número 3: Una cultura orientada a la visión de futuro es responsabilidad del liderazgo, no un beneficio de recursos humanos
Cuando le pregunté a Sheety-Pilon sobre cómo sería una cultura organizacional verdaderamente orientada a la visión de futuro, más allá de las tácticas ergonómicas (más allá de las gafas con filtro de luz azul y los recordatorios para mantener la distancia con la pantalla), su respuesta fue contundente: “Permitir el tiempo y el espacio, fomentar los momentos de descanso”.
Las organizaciones que priorizan la alfabetización en salud dentro de su red de empleados pueden influir significativamente en la cultura laboral y fomentar un liderazgo sano.
También me presentó la regla 20-20-20: por cada 20 minutos de trabajo frente a la pantalla, tómate un descanso de 20 segundos y mira algo a una distancia de al menos 6 metros. Es el equivalente visual de lo que yo llamo “higiene del movimiento” en el marco de la Teoría de la Reflexión Mental (TRM): alternar deliberadamente entre diferentes modos de interacción para preservar la capacidad tanto de rigor como de asombro. ¡He estado probando esto y siento cómo se relajan mis ojos de inmediato!
Los líderes y las organizaciones que prosperarán en la “era de la Imaginación” no solo invertirán en herramientas cognitivas o capacidades de IA. También protegerán y cultivarán la plena capacidad sensorial de su gente. Porque no se puede liderar con visión (metafórica o no) si se ha agotado sistemáticamente el órgano que la hace posible.
Como resumió Sheety-Pilon casi al final de nuestra conversación: “Se obtiene una mejor calidad de trabajo. Se tiene la concentración y la capacidad de ofrecer un mejor trabajo cuando se cuenta con un empleador que brinda apoyo y comprende la importancia de la salud mental general y el bienestar visual y físico”.
El costo oculto del trabajo en la era digital no es el agotamiento ni la desmotivación, sino la lenta erosión de la capacidad sensorial que los líderes más necesitan. Un liderazgo visionario comienza con una visión sólida, por lo que reducir el tiempo que pasamos frente a la pantalla de un celular es crucial.
Es hora de construir la infraestructura organizacional para protegerla.
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