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Antes de que la mayoría de los estadounidenses se sirvan su primera taza de café, millones de trabajadores ya llevan horas laborando y están agotados. Los empleados de almacén nocturnos preparan pedidos. Los conductores de autobús madrugadores llevan a los niños al colegio. Las enfermeras de urgencias entregan el relevo al equipo diurno a las 7 de la mañana. Estos trabajadores no solo están fatigados por las largas jornadas. Muchos viven con trastorno del sueño por trabajo por turnos (TSTS) que pasa desapercibido y sin tratamiento, a veces durante años. Y el coste de esta falta de atención médica no permanece invisible para siempre.
El trastorno del sueño por trabajo en turnos afecta hasta 40% de los trabajadores estadounidenses que trabajan por turnos. Puede causar insomnio persistente, fatiga crónica y dificultad para concentrarse. Si no se trata, los efectos se agravan, incluyendo un mayor riesgo de depresión, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Las consecuencias en el ámbito laboral siguen una trayectoria similar. Los empleados fatigados presentan mayores tasas de ausentismo, más errores en el trabajo y se eleva el riesgo de lesiones. Para sectores como la logística, la sanidad y el transporte, donde la precisión y la fiabilidad son imprescindibles, este es un problema operativo importante con un costo económico real.
Por suerte, el trastorno del sueño relacionado con el trabajo, al igual que otros trastornos del sueño, tiene tratamiento. El problema radica en la falta de acceso a él.
¿Por qué no se diagnostica?
El diagnóstico de un trastorno del sueño implica navegar por un sistema que nunca fue diseñado para trabajadores por horas. El procedimiento para diagnosticarlo consiste en una polisomnografía nocturna en una clínica del sueño. Estos estudios requieren que el paciente acuda en horarios incompatibles con el turno de noche.
Con un especialista en sueño capacitado por cada 43,000 estadounidenses, la espera para una primera cita puede ser de meses. En cada etapa, el empleado sin flexibilidad horaria se enfrenta a un problema de accesibilidad que sus colegas asalariados no tienen.
No se trata solo de un problema de acceso a la atención médica. Es un desajuste estructural entre sectores con una alta concentración de trastornos del sueño y limitaciones dentro de nuestro sistema de atención.
El resultado es una población numerosa, diagnosticable y tratable, que sufre un ciclo de bajo rendimiento laboral, fatiga y, finalmente, enfermedades crónicas prevenibles, sin recibir nunca la intervención que podría romper ese ciclo.
Argumento comercial sencillo
Los empleadores de los sectores de logística, salud, transporte y comercio minorista asumen un riesgo que a menudo se pasa por alto. Los trabajadores que padecen trastornos musculoesqueléticos no tratados no son una abstracción; son el equipo del almacén que trabaja de noche procesando los pedidos del día siguiente, las enfermeras que trabajan turnos nocturnos de 12 horas, los camioneros de larga distancia cuya capacidad de concentración es fundamental para la seguridad pública.
Las cifras son contundentes. Según un estudio de 2016 realizado por la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, la carga económica anual de la apnea del sueño no diagnosticada entre los adultos estadounidenses asciende a unos 150,000 millones de dólares, incluyendo 87,000 millones en pérdida de productividad, 26,000 millones en accidentes de tráfico y 6,500 millones de dólares en accidentes laborales.
Los empleados con apnea del sueño no tratada generan aproximadamente 3,000 dólares más al año en gastos sanitarios, según el Consejo Nacional de Seguridad. Cada caso no tratado también puede conllevar riesgos asociados como eventos cardiovasculares, diabetes y crisis de salud mental. Estos no son hipotéticos; se reflejan en los datos de reclamaciones.
El argumento contrario, de que los empleados no participarán en programas de salud del sueño, subestima lo que sucede cuando se eliminan las barreras. Un estudio del sueño a domicilio elimina los problemas de horario que, en primer lugar, hacen que los estudios clínicos sean inaccesibles para los trabajadores nocturnos. Para quienes no pueden dedicar una noche a un estudio de laboratorio nocturno, esto no es una simple comodidad, sino la diferencia entre recibir un diagnóstico o no.
Qué pueden hacer la empresas para tratar el trastorno del sueño por turnos
Las herramientas existen. Lo que falta, en gran medida, es que los empleadores y organizaciones en general decidan implementarlas.
Primero: normalizar las pruebas de detección. Se deberían ofrecer evaluaciones rutinarias de la salud del sueño como parte de los programas anuales de bienestar o de la incorporación de nuevos empleados. Esto permite identificar a los trabajadores que nunca se harían una consulta por su cuenta. Los síntomas del trastorno del sueño relacionado con el trabajo no siempre son evidentes. Muchos trabajadores creen que la fatiga crónica es consecuencia de su trabajo y no la consideran un problema médico. Las pruebas de detección sencillas cambian esta situación.
Segundo: actualizar el diseño de las prestaciones. Cubrir los diagnósticos a domicilio y las vías de atención digital no es una concesión a la comodidad, sino la única manera de hacer que la medicina del sueño sea accesible a una población que no puede desenvolverse en el sistema tradicional.
Tercero: considerarlo una estrategia para retener talento, no solo un beneficio de bienestar. En sectores con escasez de mano de obra persistente y alta rotación, los beneficios que mejoran de manera demostrable la calidad de vida son importantes. Los trabajadores se dan cuenta cuando su empleador invierte en su salud de maneras que realmente marcan la diferencia. Esto es un gran diferenciador en un mercado laboral competitivo.
Las apuestas
Los trabajadores que conducen autobuses en la oscuridad y llenan estantes antes del amanecer no están agotados por elección propia. Están agotados porque el sistema no ha priorizado el acceso a la atención médica del sueño. Una afección tratable permanece sin diagnosticar en millones de personas cuyos trabajos mantienen el funcionamiento del resto de la sociedad.
Las herramientas de diagnóstico existen y la ciencia las respalda. Lo que se necesita ahora es la voluntad de utilizarlas.
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