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A menudo, el debate sobre la vuelta a la oficina se presenta de manera simplista: el trabajo presencial fomenta la conexión, mientras que el teletrabajo la debilita. En 2025, 37% de las empresas exigían la asistencia presencial, frente a 17% del año anterior. Empresas como Amazon, JPMorgan y AT&T han emitido normativas similares. La idea es sencilla: si se trae a la gente de vuelta a la oficina, la conexión y el compromiso vendrán por añadidura.
Pero los hechos demuestran otra cosa. La revista MIT Sloan Management Review analizó los datos y descubrió que estas medidas perjudican el compromiso de los empleados y provocan una mayor rotación, especialmente entre los de alto rendimiento. Ocho de cada diez empresas afirmaron haber perdido talento debido a las normas de regreso a la oficina. La investigación también halló que estas medidas no mejoraron los resultados financieros.
Así pues, las organizaciones pierden a sus mejores empleados sin obtener nada a cambio.
La promesa implícita del cargo
En nuestra investigación Ally Mindset Profile, realizada con más de 200 profesionales, les hicimos una pregunta sencilla: ¿se ha sentido desconectado de su trabajo en el último mes?
Los resultados me sorprendieron y pusieron en tela de juicio la manera habitual de pensar. Los trabajadores de oficina reportaron la mayor desconexión, con un 35%. Los colaboradores que trabajan mayoritariamente a distancia registraron un 31%. Y los empleados que trabajan completamente a distancia, el grupo supuestamente con mayor riesgo de aislamiento, reportaron la menor con 21%.
Las personas que se desplazaban diariamente a la oficina y se sentaban entre sus compañeros eran las que más probabilidades tenían de sentirse desconectadas, contrario a las que trabajaban desde casa.
La pregunta es: ¿por qué?
Ir a la oficina conlleva una promesa tácita. El trayecto, vestirse para el trabajo y organizar el cuidado de los niños o a alguien que pasee al perro sugieren que algo importante te espera. Esperas estar rodeado de gente.
Pero al llegar a la oficina, la mitad del equipo está en Zoom y el resto concentrado en su propio trabajo con auriculares puestos. El espacio abierto, pensado para la colaboración, ahora parece una biblioteca donde hablar resulta inapropiado. Las reuniones siguen siendo por videoconferencia, incluso cuando las personas están a pocos metros de distancia, porque “es más fácil para quienes trabajan a distancia”.
La promesa de conexión se ha roto. Y que se rompa una promesa a menudo se siente peor que no haber tenido ninguna.
Cuando trabajas a distancia, entiendes que conectar con los demás requiere esfuerzo. Implica programar llamadas, enviar mensajes y estar pendiente de los demás con regularidad. No hay que ilusionarse con la idea de que simplemente estar cerca creará esa conexión. Los teletrabajadores que se sienten conectados han construido esas relaciones con esfuerzo. Los que trabajan en la oficina, en cambio, esperan a que el edificio lo haga posible.
Ir a trabajar depende del lugar, pero sentirse aislado o desconectado no.
Teatro de conexión vs conexión real
Muchas organizaciones no han creado una conexión real. En cambio, han creado un “teatro de la conexión”, es decir, espacios donde parece que la gente está junta, pero no hay nada sustancial.
Las jornadas laborales obligatorias, los espacios abiertos, los viernes de pizza y los “espacios de colaboración” donde nadie colabora realmente son ejemplos de soluciones estructurales a un problema de relaciones interpersonales. Estas iniciativas reúnen los colaboradores en el mismo lugar, pero no les brindan una razón real para conectar más allá de simplemente realizar su trabajo.
En mi libro Cultivate: The Power of Winning Relationships, hablo de cuatro tipos de relaciones: aliado, apoyo, rival y adversario. En muchos entornos de regreso a la oficina, veo principalmente apoyos: personas amables y educadas que interactúan solo superficialmente. Dicen buenos días y asienten en las reuniones, pero nadie tiene las conversaciones más profundas que construyen confianza: ¿En qué estás trabajando? ¿Qué te resulta difícil ahora? ¿Qué necesitas de mí? ¿Cómo estás realmente?
No necesitas una oficina para estas conversaciones. Necesitas intención. La verdadera diferencia no radica entre el trabajo presencial y el remoto, sino entre dedicar tiempo a una conexión genuina y simplemente esperar que las relaciones surjan por sí solas.
¿Qué hacer en su lugar?
Esto es lo que puedes hacer. Habla con la gente que está en la oficina. ¡En serio! Llegaste y tal vez la mitad de tu equipo no esté, pero la mitad de otro equipo sí, y puede que no hayas hablado con ellos antes. Aprovecha esta oportunidad. Quítate los auriculares, acércate y salúdalos. Pregúntales en qué están trabajando. Descubre cómo tu trabajo y el suyo pueden conectarse, porque todos forman parte de la misma empresa.
Practica lo que yo llamo espontaneidad programada: dedica tiempo a las conversaciones informales que antes surgían de forma natural en la máquina de agua o en el ascensor, pero que ya no se dan por sí solas. Reserva cinco minutos al inicio de las reuniones para conversar de verdad. Deja un poco de tiempo entre llamadas para que la gente pueda charlar.
Si trabajas a distancia, organiza una charla informal en una cafetería, como si compartieras la cocina con tus compañeros. Incluso una breve conversación de dos minutos puede hacer que alguien se sienta valorado y reconocido, y que su jornada laboral sea más significativa, sin importar si trabajas cerca o lejos. No necesitas ninguna regla para conectar con los demás. Solo necesitas fijarte en las personas que te rodean.
Esto es lo que las organizaciones pueden hacer. Medir la conexión real, no solo la asistencia. La Comisión de Conexión Social de la OMS afirma que la conexión no se trata de estar físicamente cerca, sino de cómo las personas se relacionan e interactúan: la calidad de las relaciones, no solo la frecuencia con la que se reúnen. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones utilizan la asistencia a la oficina como un sustituto de la conexión y el compromiso. Es como pensar que una membresía de gimnasio significa que estás en buena forma física. Si quieres saber si tu equipo está realmente conectado, haz mejores preguntas. En lugar de “¿Cuántos días estuviste en la oficina?”, pregunta “¿En quién confías para tu éxito y quién confía en ti?”. En lugar de “¿Asististe a la reunión de equipo?”, pregunta “¿Cuándo fue la última vez que alguien en el trabajo te preguntó cómo estabas y realmente te escuchó?”. Estas respuestas te dirán más sobre la salud de tu equipo que cualquier informe de asistencia.
La presencia no es conexión ni productividad
Tu equipo no necesita más días de trabajo obligatorios en la oficina. Necesitan a alguien que se dé cuenta cuando están callados, un líder que les pregunte cómo están y espere una respuesta sincera. Necesitan compañeros que consideren la conexión como algo esencial, no como algo secundario.
Estar presente no es lo mismo que estar conectado. Nunca lo ha sido. Cuanto antes lo entiendan los líderes, antes crearán equipos a los que la gente querrá unirse, independientemente de dónde trabajen.
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