[Fotos: Katrina Brown/Adobe Stock; sosconcan/Adobe Stock]
En 2020, poco después de que Winslow y Laura Robinson compraran una granja en Maine, se sorprendieron al descubrir que décadas atrás se habían utilizado lodos residuales (de alcantarilla) como fertilizante, y que estos lodos habían dejado residuos químicos eternos en el suelo.
Los agricultores de Maine han estado en la primera línea de detección de un problema que afecta a las tierras de cultivo en todo el país. Los lodos procedentes de plantas de tratamiento de aguas residuales se han utilizado ampliamente en las granjas desde la década de 1970, tanto para evitar que acaben en vertederos como para proporcionar fertilizante barato a los agricultores. Los biosólidos también se venden en algunas tiendas de jardinería como fertilizante doméstico, el cual podrías haber utilizado sin saber en tu propio jardín. Sin embargo, estos lodos pueden contener altos niveles de PFAS, sustancias químicas eternas que no se descomponen y pueden pasar del suelo a los alimentos. Si bien aún no se comprenden del todo los efectos de los PFAS en los alimentos, estos químicos eternos se han relacionado con enfermedades hepáticas, cáncer y otras dolencias.
Tras realizar pruebas, los Robinson encontraron una zona segura en su granja para comenzar a cultivar productos orgánicos. Pero, al igual que otros agricultores, no tenían una buena solución para los campos contaminados que habían descubierto. Un nuevo estudio de la Universidad de Yale, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, sugiere una forma económica para que las granjas solucionen el problema y, al mismo tiempo, contribuyan a la lucha contra el cambio climático.

Una forma más económica de combatir los químicos eternos persistentes
Los métodos actuales para la remediación de PFAS son extremadamente costosos —a veces hasta un millón de dólares por acre— y generalmente solo se utilizan en lugares como aeropuertos o bases militares. Además, implican la remoción de suelo. Limpiar millones de acres de tierras agrícolas estadounidenses simplemente no es viable.
Noah Planavsky, profesor de geoquímica en Yale que estudia la salud del suelo, decidió abordar el problema tras conocer la situación a través de los agricultores. “Los agricultores estaban profundamente preocupados, sentían que no recibían buena información y que se trataba de un problema grave que se les ignoraba o se les manipulaba”, afirma Planavsky.
El estudio probó un método sencillo para tratar suelos contaminados. Los agricultores siembran cultivos que absorben rápidamente los PFAS, como el cáñamo y los girasoles. También añaden rocas alcalinas trituradas al suelo para elevar el pH, lo que ayuda a las plantas a absorber más de estos químicos. Al cosechar, los cultivos se calientan a temperaturas muy altas sin oxígeno, lo que descompone los PFAS.
“Aunque son sustancias químicas muy resistentes y duraderas, pueden destruirse a temperaturas elevadas, algo que está bien documentado”, afirma Planavsky. El proceso genera biocarbón, que puede reincorporarse al suelo para ayudar a retener más PFAS. Los científicos estiman que, en algunos casos, este método podría reducir la contaminación a un nivel seguro en una década.
Existe otro desafío: en la mayoría de los estados, todavía se utilizan lodos residuales en algunas granjas. No es de extrañar, dado su uso común a lo largo de la historia. “Los agricultores apenas llegan a fin de mes”, comenta Laura Robinson, agricultora orgánica de una granja de Maine que participó en el estudio de Yale. “La agricultura no es muy rentable. Así que, si te ofrecen fertilizante gratis para hectáreas y hectáreas de campos de heno, lo aceptas. Las autoridades aseguraban que era seguro”.
Maine, que ha actuado con mayor rapidez que otros estados para abordar el problema tras la alerta de los agricultores, prohibió el uso de lodos residuales en las explotaciones agrícolas en 2022. El primer paso es prohibir su uso de forma generalizada. Durante la administración Trump, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés) dejó de regular los lodos residuales como fertilizante. Sin embargo, es posible que los estados actúen con mayor celeridad, y el nuevo método de limpieza propuesto en el estudio llega en un momento en que los agricultores buscan con ahínco soluciones.

¿Podría la limpieza ser asequible a gran escala?
El método de los científicos es mucho más económico que otros métodos para la limpieza de PFAS. Además, tiene una segunda ventaja: añadir rocas trituradas al suelo ayuda a capturar dióxido de carbono. Planavsky también investiga este tipo de eliminación de carbono, denominada meteorización mejorada de rocas, y cofundó una empresa emergente llamada Lithos que trabaja por separado con polvo de roca en otras granjas. En teoría, la venta de bonos de eliminación de carbono podría ayudar a financiar la limpieza de PFAS.
“Necesitamos eliminar miles de millones de toneladas de dióxido de carbono para cumplir con nuestros objetivos climáticos”, afirma. “Y también existe consenso científico de que la presencia de PFAS en el sistema alimentario supone un grave riesgo para la salud pública… Creo que la mayoría estaría de acuerdo en que no contamos con la financiación suficiente para abordar ambos problemas”.
Los litigios también podrían ayudar a financiar la remediación de PFAS en las granjas. El número de demandas está aumentando. El estado de Nueva York, por ejemplo, demandó recientemente a importantes fabricantes de PFAS por supuestamente ocultar información sobre los daños que estos químicos causaban a la salud y al medio ambiente. Acuerdos anteriores han destinado miles de millones de dólares a comunidades para comenzar a eliminar los PFAS del agua potable.
Los agricultores afirman que la financiación externa es fundamental. “Si esta solución va a funcionar, tendrá que contar con financiación”, dice Robinson, la agricultora orgánica. Y añade que es algo imprescindible. “Mi principal conclusión es que este es un problema que nos afecta a todos. Ciudades, estados, países: todos debemos prestarle atención y destinar fondos para solucionarlo. Es un grave problema de salud pública, porque nos afecta a todos. Todos necesitamos alimentarnos”.
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