Panel organizado por Open Finance 2050 | de derecha a izquierda: Luis Razo,
Business Development Director en Facephi; Isaac Solís, Director de Soluciones Empresariales en DocuSign; Pedro Freixas, Head of Digital & Business Solutions en Banamex; Filiberto Castro, CEO de AVIVA, y Emma Sifuentes, editora ejecutiva en Fast Company México [Foto: Oscar López]
Durante años, verificar la identidad de un cliente significó revisar un documento al inicio de la relación y dar el proceso por terminado. Ese modelo empieza a quedarse corto frente a un entorno donde el fraude cambia de forma constantemente y la inteligencia artificial multiplica las posibilidades de suplantación.
Ese fue el punto de partida del panel “Confianza digital en riesgo: identidad, fraude y decisiones que impactan la conversión”, realizado en Open Finance 2050, el 22 de julio de 2026 en el St. Regis de Ciudad de México. Los participantes coincidieron en que el reto ya no consiste únicamente en impedir el fraude, sino en hacerlo sin convertir la seguridad en un obstáculo para la experiencia del cliente y la conversión.
Para las empresas, el desafío dejó de ser únicamente bloquear a los defraudadores. También consiste en evitar que los controles terminen alejando a usuarios legítimos.
El fraude ya no espera al onboarding
Una de las ideas que atravesó la conversación fue que la autenticación ya no puede entenderse como un evento aislado.
Luis Razo, Business Development Director de Facephi, explicó que el onboarding “es el principio de una relación digital con una persona” y que “ya no es el principal campo de batalla”. La verdadera tarea consiste en verificar constantemente que quien inició esa relación siga siendo la misma persona a lo largo de todo el ciclo de vida del cliente.
Ese enfoque implica abandonar la lógica de una única validación para dar paso a mecanismos capaces de detectar cambios de comportamiento, señales anómalas y posibles intentos de suplantación mientras la relación continúa.
La inteligencia artificial, los deepfakes y las llamadas “cuentas mula” amplían todavía más esa superficie de riesgo. Los ataques ya no llegan por un solo frente y obligan a observar múltiples indicadores antes de tomar una decisión.
Más señales, menos fricción
La conversación también dejó claro que aumentar la seguridad no significa necesariamente agregar más pasos al usuario.
Para Filiberto Castro, CEO de Aviva, la respuesta pasa por combinar numerosas validaciones ligeras en lugar de depender de un único filtro complejo. Información proveniente de distintas fuentes, biometría, historial del dispositivo, datos fiscales o antigüedad de un número telefónico pueden construir una imagen mucho más confiable sin convertir el proceso en una experiencia frustrante.
“Muchas señales pequeñas de baja fricción… te hacen juntar mucha data”, explicó al describir un modelo que busca reducir el fraude sin elevar innecesariamente la complejidad para el cliente.
Esa lógica también reconoce que no todos los usuarios son iguales. “Una persona con amplio historial financiero y otra que nunca ha tenido acceso al sistema bancario requieren procesos distintos”, explicó Castro y detalló que diseñar una única experiencia para ambos casos puede terminar perjudicando tanto la seguridad como la inclusión.
La experiencia también protege
Durante años, muchas organizaciones trataron la seguridad como un requisito independiente de la experiencia del cliente. Hoy ambas dimensiones avanzan juntas. Desde DocuSign, Isaac Solís, Director de Soluciones Empresariales advirtió que uno de los errores más frecuentes consiste en asumir que cumplir con una regulación equivale a estar protegido.
“El cumplimiento no es igual a la seguridad”, afirmó. Dijo que, antes de incorporar nuevas herramientas, recomienda “revisar cómo circulan los acuerdos, qué documentos intervienen, qué áreas participan y dónde pueden surgir vulnerabilidades”.
Ese análisis también debe considerar el nivel de riesgo de cada operación. “Comprar un café y adquirir una vivienda no exigen el mismo grado de validación ni justifican la misma fricción”, dijo Solís.
La meta, coincidieron los participantes, consiste en que la seguridad ocurra en segundo plano siempre que sea posible y solo se haga visible cuando el contexto realmente lo amerite.
Esa misma lógica apareció desde la perspectiva bancaria. La tecnología permite detectar comportamientos atípicos y solicitar verificaciones adicionales únicamente cuando una operación se aparta de los patrones habituales del cliente, en lugar de tratar todas las transacciones como si implicaran el mismo nivel de riesgo.
Pedro Freixas, Head of Digital & Business Solutions de Banamex, planteó que el reto consiste en hacer que la seguridad sea prácticamente invisible para el usuario. Para ello, explicó, las instituciones deben utilizar la información que ya poseen para identificar comportamientos habituales y distinguir cuándo una operación requiere una validación adicional. “Si un cliente realiza transacciones recurrentes, el proceso debe mantenerse fluido; si detecta un movimiento fuera de su patrón, entonces la tecnología puede intervenir con nuevas verificaciones”, dijo Freixas. El objetivo no es aplicar el mismo nivel de control a todas las interacciones, sino adaptar la protección al contexto de cada operación.
La próxima frontera es una identidad verificable
Si el presente obliga a combinar múltiples señales, el futuro parece apuntar hacia una identidad digital mucho más robusta.
Filiberto Castro planteó la necesidad de construir identidades verificables respaldadas por criptografía y alimentadas por distintas fuentes confiables de información. En su visión, gobiernos, instituciones financieras y proveedores tecnológicos deberán colaborar para consolidar mecanismos compartidos de validación y combate al fraude.
También propuso una mayor cooperación entre competidores para intercambiar información relacionada con actividades fraudulentas. Aunque las empresas disputen clientes y participación de mercado, el fraude representa un problema que difícilmente podrá resolverse de manera aislada.
Mientras tanto, la inteligencia artificial seguirá elevando el nivel de sofisticación de los ataques y obligará a revisar continuamente los modelos de autenticación.
De cara a los próximos años, Freixas anticipó una experiencia cada vez más transparente para el usuario. “A medida que las herramientas digitales evolucionen, dijo, las barreras entre los canales físicos y digitales seguirán desapareciendo, mientras que la seguridad operará cada vez más en segundo plano para ofrecer procesos ágiles sin renunciar a la protección del cliente”, dijo.
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