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China está demostrando que electrificar el transporte sí puede reducir emisiones

La expansión de autos y camiones eléctricos en China ya está reduciendo la demanda de petróleo y comienza a reflejarse en las emisiones del país.

China está demostrando que electrificar el transporte sí puede reducir emisiones [Imagen:FCMX]

La caída del consumo de petróleo en China está empezando a mostrar algo que durante años fue principalmente una promesa: cuando los vehículos eléctricos alcanzan suficiente escala, pueden comenzar a modificar las emisiones de todo un país. La transición hacia los vehículos eléctricos suele venir acompañada de una pregunta inevitable: ¿realmente reducen las emisiones si la electricidad que utilizan todavía puede provenir de combustibles fósiles?

China está empezando a ofrecer una respuesta a gran escala. Durante el segundo trimestre de 2026, las emisiones de dióxido de carbono de China disminuyeron alrededor de 1% interanual. La cifra puede parecer pequeña para el mayor emisor del planeta, pero lo verdaderamente importante está en la razón detrás de la caída.

Por primera vez, la reducción estuvo impulsada principalmente por un descenso en el consumo de petróleo y no por una caída en el uso de carbón. El consumo petrolero disminuyó alrededor de 9% durante el trimestre, de acuerdo con un análisis del Centre for Research on Energy and Clean Air. Eso importa porque una parte significativa del petróleo que consume cualquier economía moderna termina precisamente en el transporte. Coches, camiones, autobuses y maquinaria pesada han dependido durante décadas de gasolina y diésel. En China, esa relación está empezando a romperse.

El país lleva años construyendo el ecosistema necesario para convertir la electromovilidad en algo mucho más amplio que sustituir un automóvil de gasolina por uno eléctrico. Incluye infraestructura de carga, producción masiva de baterías, transporte público eléctrico y, cada vez más, vehículos comerciales y camiones de carga.

Los autos eléctricos ya dejaron de ser un nicho

China no llegó a este punto únicamente porque algunos consumidores decidieran comprar coches eléctricos. La escala es mucho mayor. Los vehículos eléctricos representaron cerca de 55% de todos los automóviles nuevos vendidos en China durante 2025, según el Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de Energía. Los fabricantes chinos, además, fueron responsables de alrededor de 60% de las ventas mundiales de vehículos eléctricos durante ese año.

La competencia interna ha ayudado. Empresas como BYD, Geely, Xiaomi, Nio y otras compañías han empujado los precios hacia abajo mientras aumentan autonomía, velocidad de carga y prestaciones. Tecnologías como las nuevas baterías de BYD capaces de competir más directamente con la experiencia de usar un automóvil de gasolina muestran hasta qué punto la discusión dejó de girar únicamente alrededor de la sostenibilidad.

Para muchos compradores chinos, un vehículo eléctrico simplemente empieza a resultar más conveniente. De hecho, la IEA estima que 70% de los coches eléctricos de batería vendidos en China durante 2025 ya eran más baratos que el automóvil convencional promedio. Eso cambia por completo la dinámica. La transición deja de depender exclusivamente de incentivos climáticos y empieza a sostenerse también por precio, tecnología y competencia.

Los camiones eléctricos pueden cambiar todavía más la ecuación

Los automóviles particulares son solo una parte de la historia. Los camiones consumen enormes cantidades de combustible porque recorren largas distancias, transportan cargas pesadas y funcionan muchas más horas que un automóvil promedio. Por eso, electrificarlos puede producir un efecto desproporcionadamente grande sobre la demanda de petróleo.

Y China está avanzando rápidamente. En 2025, uno de cada cuatro camiones vendidos en el país ya era eléctrico. Se comercializaron más de 400,000 unidades y China representó más de 90% de las ventas mundiales de camiones eléctricos, según la Agencia Internacional de Energía. La producción también superó las 400,000 unidades ese año, más que todos los camiones eléctricos fabricados en China entre 2020 y 2024 juntos. Ese crecimiento empieza a aparecer en las estadísticas energéticas.

Durante la primera mitad de 2026, los vehículos eléctricos desplazaron en China alrededor de 36 millones de toneladas equivalentes de petróleo, contribuyendo a evitar aproximadamente 35 millones de toneladas de emisiones de CO₂ incluso después de considerar la electricidad utilizada para cargarlos. La IEA calcula además que la flota eléctrica china ya desplazó alrededor de un millón de barriles de petróleo diarios en 2025. Para 2030, esa cifra podría alcanzar 2.7 millones de barriles diarios. Ahí aparece una consecuencia que trasciende al clima.

China es el mayor importador de petróleo del mundo. Reducir el combustible utilizado por coches y camiones significa también disminuir parte de su dependencia energética exterior. La electrificación, por lo tanto, se convierte simultáneamente en política industrial, estrategia energética y herramienta climática.

Pero electrificar no significa eliminar automáticamente las emisiones

Hay una advertencia importante. Un automóvil eléctrico no tiene tubo de escape, pero la electricidad que utiliza tiene que producirse en algún lugar. Y China todavía depende ampliamente del carbón.

Una investigación publicada en Nature Cities, basada en más de 245 millones de registros vehiculares de 285 ciudades chinas, mostró que parte de las emisiones asociadas con los vehículos eléctricos puede trasladarse geográficamente hacia ciudades donde se genera la electricidad. El estudio encontró que las ciudades económicamente más desarrolladas transfirieron 41.8% de las emisiones relacionadas con sus vehículos eléctricos hacia regiones menos desarrolladas durante 2020. La investigación muestra la importancia de descarbonizar también la red eléctrica.

En otras palabras, electrificar el transporte es una pieza de la solución, pero no sustituye la necesidad de producir electricidad más limpia. Aun así, lo que está ocurriendo en China ofrece algo que hasta hace poco era difícil encontrar: evidencia a escala nacional de que suficientes vehículos eléctricos pueden empezar a desplazar cantidades significativas de petróleo. Durante años, la conversación sobre movilidad eléctrica estuvo llena de proyecciones sobre lo que podría suceder en 2030, 2040 o 2050.

China está empezando a mostrar una versión mucho más inmediata de ese futuro. No simplemente porque haya más coches eléctricos circulando por sus calles, sino porque finalmente comienzan a desaparecer algunos de los barriles de petróleo que esos coches habrían quemado.

Author

  • Frida Quiñones

    Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.

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Sobre el autor

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