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5 pequeños cambios para convertir la creatividad en una práctica diaria de bienestar

La creatividad no tiene porqué desarrollarse con actividades complejas.

5 pequeños cambios para convertir la creatividad en una práctica diaria de bienestar [Imagen: Jakob Owens /Unsplash]

A continuación, las coautoras Blythe Harris y Mallory May comparten cinco ideas clave de su nuevo libro Daily Creative: The 5-Minute Habit to Rewire Your Brain (Creatividad diaria: El hábito de 5 minutos para reconfigurar tu cerebro).

Harris es artista y emprendedora, y durante muchos años fue cofundadora y directora creativa de Stella & Dot. Actualmente dirige Daily Creative junto a su socia, May, donde se centran en la creatividad como una práctica diaria de bienestar, no como un logro artístico.

¿Cuál es la gran idea?

La creatividad es una capacidad humana natural que se fortalece con la práctica. Cuando la consideramos una pequeña actividad diaria en lugar de una actuación de alto riesgo, se convierte en una poderosa herramienta para el bienestar, la flexibilidad y una mayor sensación de vitalidad.

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1. La creatividad no es un talento, es una práctica

Uno de los mitos más comunes sobre la creatividad es que o se tiene o no se tiene. Pero funciona mucho más como un músculo que como un rasgo innato. Así como el cuerpo requiere movimiento para mantenerse fuerte, la creatividad necesita un uso regular para mantenerse viva. La creatividad es natural, pero hay que cultivarla y practicarla. Cuando no la usamos, no desaparece; simplemente entra en estado latente.

Muchas personas que dicen: “No soy creativo o creativa”, no perdieron su creatividad. Adoptaron una mentalidad fija tras una experiencia temprana de juicio o vergüenza. Tal vez un profesor frunció el ceño ante tu poema. O tal vez tu caballo parecía una hamburguesa en la clase de dibujo, y decidiste no volver a intentarlo. Con el tiempo, la creatividad dejó de sentirse segura, así que la abandonaste.

Lo que hemos observado es que cuando se retoma la creatividad como práctica (algo sencillo, lúdico y sin presiones), las personas se reconectan rápidamente. La confianza no surge de ser bueno en creatividad, sino de usarla con regularidad y sin miedo.

2. Pequeños actos creativos generan cambios significativos

Solemos asumir que un cambio significativo requiere mucho tiempo o esfuerzo. Pero el cerebro responder mejor a la constancia y novedad que a la duración.

Una breve actividad creativa (sobre todo si es lúdica y sin prejuicios), puede interrumpir el pensamiento habitual y propiciar nuevas perspectivas. El objetivo no es realizar más ni hacerlo a la perfección, sino simplemente participar con la suficiente frecuencia para mantener la mente flexible.

Oímos a gente decir cosas como: “No hice nada bueno, pero después me sentí diferente”. Esa sensación de mayor apertura y lucidez es el cambio que importa. La creatividad no tiene por qué ser impresionante para ser efectiva.

3. La creatividad favorece el bienestar

La creatividad suele considerarse una forma de autoexpresión, pero también desempeña un papel esencial en la salud mental y emocional. Se ha demostrado que participar en actividades creativas aumenta la plasticidad cerebral, reduce el estrés y la ansiedad, y favorece la flexibilidad cognitiva y la apertura mental. Con el tiempo, la participación creativa también se asocia con una mejor memoria e incluso puede contribuir a prevenir el deterioro cognitivo.

Lo más interesante es que muchos de los beneficios de la creatividad son similares a los de la meditación, es decir, mayor calma, presencia y regulación emocional, pero también suele ser más lúdica y accesible. No hace falta tranquilizar la mente; simplemente hay que interactuar con ella de forma diferente.

Muchas personas se sienten más relajadas, lúcidas o centradas después de participar en actividades creativas, incluso cuando no obtienen resultados particularmente exitosos.

La creatividad nos permite procesar la experiencia de forma indirecta, sin necesidad de explicar, analizar o solucionar todo. De esta manera, se centra menos en el resultado y más en el cuidado.

4. El perfeccionismo bloquea

El perfeccionismo reduce la capacidad de atención y aumenta la autovigilancia, factores que dificultan el pensamiento creativo.

Una de las maneras más efectivas de reactivar la creatividad es reducir la presión. Limitaciones sencillas, la repetición o puntos de partida claros desvían la atención del resultado al proceso. En lugar de preguntarse: “¿esto es bueno?”, el cerebro empieza a cuestionarse: “¿qué pasa si intento esto?”

Lo hemos visto una y otra vez: cuando a las personas se les da una regla sencilla, como dibujar con la mano no dominante o trabajar dentro de una cuadrícula, la presión desaparece de inmediato. Empiezan a experimentar, a reírse y a sorprenderse a sí mismas.

Dejar de lado la perfección no es un cambio de personalidad. Es una habilidad que puedes practicar.

5. La creatividad tiene que ver con la vitalidad, no con la producción

En esencia, la creatividad no se trata de lo que produces, sino de cómo interactúas con el mundo.

Es común que las personas describan sentirse más vivas después de momentos creativos: más presentes, más conectadas, más ellas mismas. Esa sensación de vitalidad no requiere talento ni formación. Surge de permitir que la curiosidad y la atención vuelvan a formar parte de la vida cotidiana.

La creatividad, en este sentido, no es algo que se gana. Es algo que uno permite.

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