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Migrar no es perder: el error de los gobiernos con su propia gente

Las diásporas son redes activas de conocimiento, inversión y colaboración que la mayoría de los países no está aprovechando bien.

Migrar no es perder: el error de los gobiernos con su propia gente [Imagen generada con IA]

Durante años, los gobiernos han tratado la migración como una pérdida, talento que no regresa, dinero que apenas compensa la ausencia.

Pero en realidad hay comunidades enteras que siguen conectadas con su lugar de origen, que generan conocimiento, redes, inversión y oportunidades desde fuera. El problema no es que se vayan. Es que casi ningún país sabe qué hacer con ellos una vez que están lejos.

Como Oficial de Participación de la Diáspora en la OIM (la agencia de la ONU especializada en migración) Larisa Lara Guerrero ha asesorado a más de 60 países y acompañado a 32 gobiernos a diseñar políticas que, en lugar de lamentar la salida de su talento, apuestan por reconectarse con él. Este año recibió el Premio Mujer Tec 2026 en la categoría de Ciudadanía con Perspectiva de Género, un reconocimiento que también refleja los más de 275 jóvenes (la mayoría mujeres) a quienes ha mentoreado a lo largo de su carrera.

Egresada del Tec de Monterrey, completó dos maestrías en Oxford y King’s College London antes de doctorarse en París y Lieja. Una trayectoria larga que siempre tuvo una sola dirección: “Desde muy joven me di cuenta de este interés y lo empecé a estudiar más formalmente. Siempre con esa visión de intentar especializarme en migración, en gobernanza y también en seguridad”, dijo en entrevista para Fast Company México.

Más allá de las remesas

Pregúntale a alguien qué sabe de las diásporas y lo más probable es que mencione el dinero que los migrantes mandan a casa y no les venga nada más a la mente.

“Las diásporas son todas esas comunidades migrantes que extrañan la conexión con su país de origen, que no se olvidan de él, que realmente mantienen vivo ese amor por la patria y que lo llevan a todos lados sin importar la distancia”, explica Lara.

Desde ese vínculo (afectivo, pero también muy concreto) se puede construir mucho más que una transferencia bancaria. El trabajo de Larisa consiste, en parte, en convencer a los gobiernos de exactamente eso. Para hacerlo, trabaja con cuatro tipos de capital que los migrantes acumulan en el exterior: el económico (remesas, inversión, turismo), el social (redes, participación política transnacional), el cultural (representación, identidad) y el humano (conocimiento, habilidades, contactos).

Para México, los ejemplos son muy conocidos, Cuarón, Iñárritu, los científicos mexicanos en universidades de todo el mundo. “Son todos esos talentos que, por querer alcanzar logros más grandes o simplemente porque no tuvieron oportunidades en su país de origen, decidieron viajar al extranjero y se volvieron una especie de embajadores”, señala.

Políticas desde los datos, no desde el miedo

El taco al pastor es resultado de la migración libanesa a México. Hollywood fue construido en buena parte por migrantes. Los grandes avances científicos del siglo pasado llevan la firma de personas que cruzaron fronteras. Para Lara, estos son más que datos curiosos. Son el argumento central de su trabajo.

“La migración es realmente un vehículo de innovación y de la humanidad. Desde que somos humanos, migramos para encontrar nuevas oportunidades. Y desde ahí se ha visto hasta los niveles de mayor excelencia”, explica.

El reto real para los gobiernos, dice, es conocer a su propia diáspora. Saber dónde están, cuántos son, qué saben hacer, en qué contexto político viven. Porque el país donde viven los migrantes también determina cuánto y cómo pueden vincularse con el de origen. En el caso de México, con el 98% de su diáspora en Estados Unidos y Canadá, eso hoy pesa más que nunca.

Un modelo que cada vez más países están adoptando es la vinculación sectorial: en lugar de llamar genéricamente a “la diáspora”, identificas exactamente qué necesitas. “Cuando el gobierno sabe que le faltan cinco ingenieros especializados en cambio climático, puede ir a buscarlos en el extranjero y traerlos por un periodo, o que lo hagan virtualmente”.

La migración ya no tiene el rostro de antes

“Hace muchos años, uno se imagina al hombre que cruza la frontera, que trabaja y que manda dinero a su casa. Y en realidad eso está cambiando. Ya estamos casi a la paridad”, explica Lara.

Las mujeres migrantes no solo representan casi la mitad de los flujos globales: en muchos casos son quienes mantienen los vínculos más activos con sus países de origen y quienes más aportan económicamente a sus comunidades.

Y hay algo más que cambia cuando ellas participan en el diseño de las políticas: “Genera políticas públicas mucho más holísticas, mucho menos sesgadas hacia una visión patriarcal. Traen una visión mucho más crítica al ser ellas mismas agentes que han sufrido diferentes desigualdades en su propia historia”.

Paciencia, escucha y datos

Navegar entre cancilleres, ONGs, organismos internacionales y comunidades migrantes (cada uno con sus propios intereses) no se hace solo con carisma.

“Primero hay que tener mucha paciencia, un liderazgo basado en la paciencia, en la escucha y también en la comprensión. Y en la evidencia: cuando uno es experto en el tema, puede convencer a los otros actores con datos y con las historias que se ha podido recolectar”, comparte Lara.

Y lo más difícil: “Saber navegar diplomáticamente, con respeto, las diferentes visiones sin tratar de imponer nuestra agenda o nuestra visión”.

La apuesa es que los países que logren reconectarse con su talento en el exterior estarán mejor posicionados. Los que no, seguirán perdiendo lo más valioso que tienen: a su gente.

Author

  • José Luis Noriega

    Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.

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Sobre el autor

Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.