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En los últimos dos años, un tipo de anuncio corporativo se ha vuelto casi rutinario. La compañía reduce su plantilla, menciona la inteligencia artificial y sigue adelante. La fórmula era impecable, las conferencias sobre resultados eran extraordinarias y la narrativa era lo suficientemente simple como para caber en un titular. El único problema es que no era cierto, y las consecuencias ahora se manifiestan de maneras difíciles de ignorar.
Las compañías que reemplazaron trabajadores con IA ahora descubren que la estrategia no funciona. Según CNBC, los empleadores que despidieron colaboradores en nombre de la inteligencia artificial ahora intentan revertir esas decisiones. Aproximadamente la mitad de las empresas que sustituyeron personal por dicha tecnología experimentan un efecto bumerán, por lo que ahora recontratan a un costo mayor que el que habría supuesto mantener a la plantilla original. El despido masivo por inteligencia artificial, al parecer, se convierte hoy en una gran recontratación masiva por esa misma tecnología.
La historia más famosa sobre el reemplazo de inteligencia artificial no se sostuvo
Klarna se convirtió en el ejemplo paradigmático del desplazamiento por IA. La empresa fintech anunció que su chatbot realizaba el trabajo de 700 empleados de atención al cliente y contribuiría con 40 millones de dólares en beneficios anuales. La noticia tuvo repercusión en los medios. Lo que pasó después recibió menos atención. La satisfacción del cliente se deterioró, los usuarios frustrados hicieron públicas sus quejas y Klarna comenzó a recontratar agentes humanos. El asistente virtual podía gestionar el volumen de consultas, pero no los matices, ni calmar a un cliente realmente molesto, ni ejercer el criterio necesario para convertir una mala experiencia en una de fidelización.
Klarna no es la única. Un análisis de Bloomberg sugiere que la pérdida de empleos en Reino Unido atribuida a la inteligencia artificial se debió en realidad a factores económicos más amplios, lo que significa que las empresas utilizaron el discurso de la IA como pretexto para los recortes que ya tenían planeados. El resultado es una imagen distorsionada del impacto de esa tecnología en el empleo y una fuerza laboral que sufrió las consecuencias de una narrativa inexacta.
He dedicado 15 años a investigar el futuro del trabajo. He visto a empresas cometer este error con la automatización y la transformación digital. El patrón es siempre el mismo: recortar gastos rápidamente, prometer demasiado con la tecnología, subestimar la capacidad humana que se acaba de eliminar y pasar los siguientes años intentando recuperarla.
Empresas que lo hicieron bien no despidieron a nadie
La historia más instructiva no es la de las compañías que rectifican, sino la de aquellas que nunca cometieron el error. Cuando Ingka Group, que controla la mayor parte de las tiendas Ikea, entrenó a un chatbot de IA para gestionar 47% de sus llamadas de atención al cliente, se enfrentó a una decisión crucial. Podría haber despedido a 8,500 trabajadores. En cambio, los capacitó para fungir como consultores de diseño de interiores y así invirtió en las capacidades humanas que la inteligencia artificial no podía replicar. El resultado fueron 1,300 millones de euros en ingresos en 2024, cifra que se prevé que alcance 10% de los ingresos totales en 2028. Los empleados no eran un costo que recortar, sino el activo que hacía útil esa tecnología.
IBM llegó a una conclusión similar por un camino distinto. Tras una agresiva adopción de IA, la empresa descubrió que reducir las contrataciones de personal de nivel inicial generaba una escasez de talento entre tres y cinco años después. Ahora, IBM triplica sus contrataciones de personal de nivel inicial de la Generación Z y redefine el papel de estos profesionales en la era de la inteligencia artificial en lugar de eliminarlos. Los puestos de trabajo cambiaron, pero las personas no desaparecieron.
Amazon Web Services apuesta por lo mismo. El director ejecutivo, Matt Garman, contrató a 11,000 becarios y recién graduados este año y afirma que AWS emplea a más desarrolladores de software hoy que hace dos años, incluso a pesar de que las herramientas de codificación de inteligencia artificial se han vuelto más potentes. Estas herramientas hicieron que los desarrolladores fueran más productivos, más no innecesarios.
La IA crea escasez de mano de obra, no excedentes
Jeff Bezos expuso un argumento en VivaTech en París que, en mi opinión, seguirá vigente. Predijo que la IA no eliminará empleos, sino que creará escasez de mano de obra, porque la humanidad tiene una capacidad prácticamente ilimitada para inventar cosas que necesitan ser construidas, y siempre hay alguien que tiene que construirlas. La historia de las revoluciones tecnológicas respalda esta visión. La automatización en la manufactura no acabó con el empleo, sino que lo transformó y elevó el nivel de cualificación necesario para los puestos que quedaron.
Los datos comienzan a reflejarlo. El Barómetro Global de Empleos en IA 2026 de PwC, que analizó más de mil millones de ofertas de empleo en seis continentes, reveló que las empresas que utilizan inteligencia artificial de manera más eficaz están a la vanguardia tanto en productividad como en contratación. También muestra que 20% de las compañías con mayor exposición a la IA lograron un crecimiento de la productividad laboral de 163% con respecto a 2018, casi cinco veces el promedio, y registraron un crecimiento en la plantilla de 52% frente a 36% de las organizaciones con menor uso de inteligencia artificial.
Utilizar bien la IA no reduce la plantilla, sino que la incrementa.
Dicho esto, el panorama para los puestos de nivel inicial es realmente complejo. Una encuesta de GMAC a reclutadores reveló que los puestos junior para la Generación Z en tecnología y manufactura se enfrentan a un riesgo real de desplazamiento. La solución no es ignorar esta amenaza, sino hacer lo que hicieron IBM e Ikea: rediseñar los puestos en lugar de despedir a las personas.
La lección que se desprende de las empresas que lo han hecho bien es clara, aunque su implementación sea más compleja que la de un anuncio de despidos. La inteligencia artificial funciona mejor cuando potencia las fortalezas de las personas. Las organizaciones que trataron a sus trabajadores como un activo y no como un obstáculo, fomentaron la resiliencia, la lealtad y el tipo de conocimiento institucional que un chatbot no puede heredar.
El efecto búmeran es real y costoso. La mitad de las empresas que despidieron trabajadores para implementar IA ahora ahora pagan más para recuperarlos. La estrategia más inteligente, y las pruebas se acumulan rápidamente, era no haberlos perdido nunca.
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