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Tu IA ya le escribe a otra IA. ¿Quién responde por lo que dicen?

Los agentes de IA ya redactan correos, administran bandejas de entrada y participan en procesos internos de las empresas. El reto ya no es decidir si usarlos, sino establecer qué pueden hacer, qué conversaciones deben seguir siendo humanas y quién responde cuando una máquina habla en nombre de alguien.

Tu IA ya le escribe a otra IA. ¿Quién responde por lo que dicen? [Foto: Malte Mueller/Getty Images]

Imagina recibir un correo perfectamente redactado de un compañero de trabajo. Es claro, cordial, resume el estado de un proyecto, enumera los siguientes pasos y deja perfectamente definidas las responsabilidades. Nada extraño, salvo por un detalle: tu compañero nunca escribió ese correo. Los agentes de IA en el trabajo ya pueden redactar mensajes, administrar bandejas de entrada e incluso responder en nombre de una persona.

Lo hizo un agente de inteligencia artificial configurado para comunicarse en su nombre. Y existe una posibilidad cada vez mayor de que la respuesta tampoco la escriba una persona: alguien puede copiar ese mensaje en otro chatbot, pedirle una contestación y simplemente presionar “Enviar”.

En apariencia, dos personas mantienen una conversación. Debajo de la superficie, la IA está hablando con otra IA.

No es todavía la norma, pero tampoco es ciencia ficción. Los agentes de IA están pasando de responder preguntas a ejecutar tareas, tomar decisiones y comunicarse directamente con clientes, proveedores y empleados.

No hay vuelta atrás para los agentes de IA en el trabajo

Intentar eliminar la IA de la comunicación empresarial sería poco realista. En algunos casos, incluso podría empeorar el trabajo.

Allstate es un buen ejemplo. La aseguradora comenzó a utilizar IA generativa para redactar gran parte de las comunicaciones que sus representantes envían durante procesos de reclamación. De acuerdo con The Wall Street Journal, sus 23,000 representantes manejan alrededor de 50,000 comunicaciones diarias y la compañía encontró que los mensajes generados con IA podían ser menos acusatorios, utilizar menos jerga y adoptar un tono más empático.

También está el volumen.

El Work Trend Index de Microsoft encontró que un trabajador recibe, en promedio, 117 correos electrónicos y 153 mensajes de Teams cada día laboral. Microsoft también detectó interrupciones aproximadamente cada dos minutos entre correos, reuniones y notificaciones. Ante semejante carga de comunicación, automatizar tareas rutinarias puede ser completamente racional. De hecho, el verdadero problema de la IA corporativa ya no es simplemente adoptar más herramientas, sino definir quién las dirige, quién evalúa sus resultados y quién se responsabiliza cuando algo sale mal. Porque delegar una conversación no significa renunciar al control de ella. Las empresas necesitan decidir qué puede delegarse, hasta dónde puede llegar esa delegación y qué decisiones nunca debería tomar una máquina por cuenta propia.

Hay tres reglas fundamentales.

1. Decide qué conversaciones deben seguir siendo humanas

No todas las conversaciones tienen el mismo valor. Una IA puede mejorar la gramática de un correo, resumir 30 mensajes o proponer una respuesta a un proveedor. Pero existen interacciones cuyo valor proviene precisamente de que otra persona decidió dedicarles atención. Las evaluaciones de desempeño son un ejemplo particularmente sensible.

En 2024, una exgerente de Dropbox contó a Axios que había utilizado ChatGPT para ayudar a redactar evaluaciones de empleados. Desde entonces, el fenómeno dejó de ser exclusivamente individual.

Empresas como Citi, JPMorgan y Boston Consulting Group ya han desarrollado herramientas para ayudar a elaborar evaluaciones, de acuerdo con Harvard Business Review. En el caso de BCG, su asistente interno habría reducido alrededor de 40% el tiempo dedicado a redactarlas. Eso puede hacer más eficiente la escritura. Pero eficiencia y liderazgo no son exactamente lo mismo.

Una evaluación importa porque alguien observó tu trabajo. Una conversación difícil importa porque alguien decidió tenerla contigo. La mentoría tiene valor porque otra persona dedicó tiempo, criterio y atención. Por eso, una organización que quiera adoptar un verdadero liderazgo en la era de la IA necesita definir su propia línea humana: las conversaciones que, independientemente de lo avanzada que sea la tecnología, deben conservar participación humana real.

Evaluaciones de desempeño, despidos, decisiones salariales, conflictos delicados o mentoría podrían estar dentro de esa categoría. El objetivo no es prohibir la IA. Es reconocer que existen procesos donde automatizar demasiado puede destruir precisamente el valor que intentábamos generar.

2. No dejes que la delegación ocurra por accidente

Usar IA no es una decisión binaria. Existe un espectro.

En un extremo está el trabajo asistido por IA: una persona escribe y la máquina corrige, ordena o mejora. Después aparece el trabajo delegado a la IA: la máquina produce el primer borrador y una persona lo revisa antes de enviarlo. Y en el extremo más autónomo está la representación mediante IA: un agente recibe información, responde y ejecuta la conversación sin que una persona necesariamente revise cada intercambio. El problema aparece cuando una empresa avanza de una etapa a otra sin darse cuenta.

El Financial Times documentó el caso de Katie Cameron, una agente inmobiliaria independiente en Chester que utiliza una herramienta de IA para organizar nueve bandejas de entrada, clasificar correos, sugerir respuestas y crear invitaciones de calendario. El sistema le ahorra horas de trabajo cada semana, aunque Cameron reconoce que algunas veces termina dejando que la herramienta “piense” por ella. Ese es el verdadero riesgo No que la IA piense. Para eso la estamos utilizando. El riesgo es no saber cuándo dejamos de pensar nosotros.

Una organización debería saber en qué nivel de autonomía opera cada una de sus herramientas. Si un empleado utiliza IA solo para revisar ortografía, el riesgo es mínimo. Si un agente puede negociar fechas, responder clientes o aprobar acciones, las reglas deben ser diferentes. A medida que las empresas comienzan a rediseñar puestos de trabajo alrededor de la IA, esa distinción será cada vez más importante.

La gobernanza no debería impedir delegar. Debería hacer visible qué se está delegando.

3. Cada agente necesita un mandato, límites y un responsable

Dar acceso a un agente de IA y esperar que “se comporte bien” no es una estrategia de control. Si una IA puede actuar en nombre de la empresa, necesita tres cosas.

Primero, un mandato. Debe quedar explícitamente establecido a qué puede comprometer a la organización. Quizá pueda programar una reunión. Quizá pueda confirmar una fecha de entrega. Eso no significa que deba tener autoridad para negociar un precio, aceptar un contrato o autorizar un pago.

Segundo, límites técnicos. Los controles realmente importantes no deberían depender únicamente de una instrucción escrita dentro de un prompt. Tienen que existir en los sistemas que rodean al agente.

Una tarjeta corporativa puede tener un límite máximo. Las credenciales de un agente pueden permitirle abrir un calendario, pero no acceder a contratos confidenciales. Una compra superior a determinada cantidad puede requerir aprobación humana. La autonomía funciona mejor cuando está contenida.

Tercero, un propietario. Siempre debe existir una persona identificable que responda por lo que hace el agente. La fluidez en IA para líderes no consiste únicamente en saber escribir mejores prompts. También implica entender capacidades, riesgos, niveles de autonomía y mecanismos de supervisión. Un agente puede ejecutar una tarea. La responsabilidad no debería ejecutarse junto con ella.

Cómo gobernar la nueva capa de comunicación

La comunicación empresarial está entrando en una etapa extraña: personas que utilizan máquinas para escribirle a otras personas que también utilizan máquinas para responder. Y conforme los agentes ganen autonomía, esa situación será menos excepcional.

Las organizaciones pueden comenzar con cuatro acciones relativamente simples:

1. Detecta dónde la IA ya está hablando con otra IA
Mapea qué correos, chats, tickets o respuestas están siendo redactados automáticamente en ambos extremos de una conversación.

2. Define tu línea humana
Selecciona entre tres y cinco conversaciones cuyo valor dependa directamente de la participación de una persona. Decláralas exclusivamente humanas y explica por qué.

3. Clasifica los niveles de delegación
Durante una semana, un equipo puede identificar sus comunicaciones como humanas, asistidas por IA, delegadas o completamente representadas por un agente. Probablemente descubrirá que utiliza más automatización de la que imaginaba.

4. Empieza con un agente y define su mandato
Especifica qué puede hacer sin autorización, qué acciones requieren aprobación, qué sistemas puede utilizar, cuáles son sus límites y quién responde por sus resultados.

Ese primer modelo puede convertirse después en una plantilla de gobernanza para toda la organización.

Las empresas que ganen no serán las que automaticen todo

La nueva capa de comunicación del trabajo se está construyendo ahora mismo.

Un agente administra la bandeja de entrada de un empresario en Arizona. Herramientas internas ayudan a redactar evaluaciones en grandes bancos y consultoras. Una agente inmobiliaria delega parte de nueve bandejas de entrada. Millones de empleados ya recurren a la IA para escribir, investigar y resolver problemas.

La tendencia difícilmente se revertirá.Pero existe una enorme diferencia entre una empresa que utiliza agentes y una empresa que simplemente deja que los agentes actúen. Las organizaciones mejor preparadas no serán aquellas que prohíban todas las conversaciones automatizadas ni las que automaticen cada interacción posible.

Serán las que decidan conscientemente dónde necesitan personas, dónde pueden intervenir máquinas y quién sigue siendo responsable cuando una IA habla en nombre de la empresa.

Author

  • Faisal Hoque

    Faisal Hoque es reconocido como uno de los principales pensadores y tecnólogos de gestión del mundo. Autor de libros superventas del Wall Street Journal y USA Today , Faisal es el fundador de SHADOKA, NextChapter y otras empresas. Su próximo libro, TRANSCEND: Unlocking Humanity in the Age of AI, se publicará en 2025 a través de Post Hill Press y será distribuido por Simon & Schuster.

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  • Faisal Hoque

    Faisal Hoque es reconocido como uno de los principales pensadores y tecnólogos de gestión del mundo. Autor de libros superventas del Wall Street Journal y USA Today , Faisal es el fundador de SHADOKA, NextChapter y otras empresas. Su próximo libro, TRANSCEND: Unlocking Humanity in the Age of AI, se publicará en 2025 a través de Post Hill Press y será distribuido por Simon & Schuster.

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Sobre el autor

Faisal Hoque es reconocido como uno de los principales pensadores y tecnólogos de gestión del mundo. Autor de libros superventas del Wall Street Journal y USA Today , Faisal es el fundador de SHADOKA, NextChapter y otras empresas. Su próximo libro, TRANSCEND: Unlocking Humanity in the Age of AI, se publicará en 2025 a través de Post Hill Press y será distribuido por Simon & Schuster.