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¿Realmente estás cambiando el mundo como líder tecnológico? Así puedes saberlo

Un líder tecnológico responsable evalúa el impacto de sus decisiones, no solo mide sus métricas de negocio.

¿Realmente estás cambiando el mundo como líder tecnológico? Así puedes saberlo [Imagen: francescoch/Getty Images]

“Quienes están lo suficientemente locos como para creer que pueden cambiar el mundo, son quienes lo consiguen”. Esa es una cita de la famosa campaña publicitaria de Apple “Think Different”, que se emitió de 1997 a 2002. Encarna el idealismo optimista que ha impregnado durante mucho tiempo la industria tecnológica. Un líder tecnológico defiende esta mentalidad en sus presentaciones, en sus conferencias sobre resultados y en sus declaraciones de misión que definen sus empresas. Basta con ver la publicación introductoria de OpenAI de 2015: “Nuestro objetivo es impulsar la inteligencia digital de la manera que tenga más probabilidades de beneficiar a la humanidad en su conjunto”.

Podría decirse que, además de ganar dinero, “cambiar el mundo” es la principal aspiración de todo líder inmerso en la tecnología. Los empleados quieren creer en el optimismo tecnológico. Los inversores lo fomentan. Y los clientes dan muestras de su aprobación, al menos tácitamente, al adoptar una infinidad de aplicaciones, productos, plataformas y servicios digitales que se han vuelto cada vez más inseparables de su vida cotidiana.

A veces la promesa es real. Otras veces es solo una estrategia de marketing ingeniosa. Para distinguir entre una cosa y otra, necesitamos definir qué significa realmente “cambiar el mundo” y reconocer que, en ocasiones, quienes afirman esto no lo hacen para mejor.

En el curso de Derecho de Impacto Social que imparto, comienzo con una definición sencilla: “El impacto social es el efecto neto que un producto, servicio o actividad tiene sobre las personas, las familias y las comunidades, ya sean esos efectos positivos o negativos”.

Esta definición, que coincide en gran medida con la utilizada por el Centro de Emprendimiento Social de Stanford, introduce un ejercicio que el sector tecnológico suele pasar por alto: considerar el balance completo de las consecuencias, tanto positivas como negativas. Las empresas tecnológicas son excepcionalmente buenas midiendo el crecimiento, adopción y valoración mediante métricas que nos indican si un producto es popular o rentable. Pero dicen muy poco sobre si realmente mejora la vida de las personas (o si hace lo contrario).

Estas no son preocupaciones abstractas. Las decisiones que tomen los líderes tecnológicos sobre límites, alianzas y usos permitidos determinarán cómo la tecnología afecta a las sociedades a nivel mundial. Lo cual nos lleva de nuevo al tema que nos ocupa: si un líder tecnológico realmente quiere cambiar el mundo para mejor, ¿cómo puede evaluar si cumple esa promesa?

Puede empezar por hacerse las siguientes cinco preguntas.

1. ¿Quiénes son los que más se benefician de este producto?

Toda tecnología genera valor para alguien. Pero es importante considerar quién es el principal beneficiario de ese valor. ¿Es el usuario quien experimenta una mejora real en su vida, para quien la tecnología amplía sus oportunidades o mejora su acceso a información y servicios? ¿O es el accionista quien incrementa su patrimonio personal gracias a dicha tecnología, que en realidad puede ofrecer solo mejoras marginales a sus usuarios? Los líderes comprometidos con el impacto social deben ser capaces de percibir esta distinción con claridad y precisión. Si te sientes cómodo al promocionar tecnología que “cambia el mundo”, respalda tus afirmaciones con detalles precisos sobre cómo y para quién lo modifica.

2. ¿Quiénes podrían resultar perjudicados o excluidos?

Ningún producto existe de forma aislada. A gran escala, incluso la tecnología bien intencionada puede generar riesgos o consecuencias imprevistas. Los algoritmos pueden reforzar los sesgos. Las plataformas pueden amplificar la desinformación. Los sistemas de IA entrenados con vastos conjuntos de datos pueden replicar las desigualdades inherentes a esa data.

Los proyectos de infraestructura, como los centros de datos, pueden aportar beneficios económicos a algunas comunidades, al tiempo que imponen cargas ambientales a otras. Un liderazgo responsable implica identificar estos riesgos con antelación y abordarlos directamente, con todas sus imperfecciones.

3. ¿Qué sucede cuando este producto se lanza a gran escala?

La tecnología avanza a pasos agigantados. Su impacto suele manifestarse lentamente. Una función que parece inofensiva con unos pocos miles de usuarios puede tener un aspecto muy diferente al llegar a cientos de millones. Las plataformas de redes sociales lo aprendieron por las malas, ya que su influencia en el discurso público se extendió mucho más allá de lo que imaginaron sus primeros diseñadores. Estas mismas plataformas se enfrentan a demandas y presiones regulatorias relacionadas con la salud mental, la imagen corporal y el riesgo de suicidio de los adolescentes. Los sistemas de IA que ahora se incorporan a la economía global podrían escalar aún más rápido. El líder tecnológico que los desarrolla tiene la responsabilidad de anticiparse a los acontecimientos, ya que las consecuencias se desarrollan en tiempo real.

4. ¿Estamos midiendo los resultados o solo la adopción?

Las empresas tecnológicas son expertas en medir la interacción, descargas, el crecimiento de usuarios, costos e ingresos. Sin embargo, las métricas más importantes para el impacto social son diferentes. ¿Están mejorando realmente las vidas de las personas? ¿Se están fortaleciendo, mejorando la salud, la información o la seguridad económica de las comunidades gracias a la existencia de un producto en particular? La adopción y métricas financieras nos indican que la gente usa algo. El impacto nos dice si realmente les ayuda. Si como líder tecnológico vas a decirle al mundo que lo estás cambiando, tienes la obligación de demostrar cómo.

5. ¿Seguiríamos construyendo esto si los incentivos cambiaran mañana?

Esta última pregunta es la más difícil. Muchos productos tecnológicos triunfan porque se alinean perfectamente con los incentivos actuales: ingresos, recopilación de datos, rápido crecimiento de usuarios y expectativas del capital de riesgo. Pero esos incentivos no siempre coinciden con el objetivo a largo plazo de generar un impacto positivo. La IA ofrece una versión particularmente clara de esta tensión. La misma tecnología que puede acelerar descubrimientos científicos extraordinarios también podría permitir la vigilancia generalizada o sistemas militares autónomos. Que estos resultados se materialicen dependerá, en parte, de las decisiones que tomen las empresas que desarrollan las herramientas y las personas involucradas en su implementación (si es que estas siguen participando en ella).

Nada de esto es solo una cuestión moral: el impacto social positivo beneficia los resultados económicos. Esto se debe a que la gente suele preferir productos y servicios asociados con el bien común. ¿Cambiar el mundo y obtener una buena rentabilidad en el proceso? Todos ganan.

Tampoco pretendo sugerir que las empresas tecnológicas sean incapaces de generar un impacto positivo profundo. Todo lo contrario. Algunas de las mejoras más significativas de la vida moderna (desde la innovación médica hasta la comunicación global y el mayor acceso al conocimiento) provienen de avances tecnológicos.

Pero cambiar el mundo no es solo un eslogan o un discurso corporativo. Es un resultado. Y en una era donde la tecnología moldea cada vez más nuestra forma de trabajar, comunicarnos, aprender y gobernarnos, un líder tecnológico que se autoproclama promotor del cambio positivo, debe estar preparado para demostrarlo con hechos, tanto en el aspecto económico como en el económico.

Author

  • Scott Curran

    es abogado corporativo, especializado en impacto social y asesor estratégico de juntas directivas y altos ejecutivos en filantropía. Fundador y director ejecutivo de Beyond Advisers, firma que ayuda a las organizaciones a diseñar, ejecutar y escalar proyectos de impacto social con claridad y rigor .

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Sobre el autor

es abogado corporativo, especializado en impacto social y asesor estratégico de juntas directivas y altos ejecutivos en filantropía. Fundador y director ejecutivo de Beyond Advisers, firma que ayuda a las organizaciones a diseñar, ejecutar y escalar proyectos de impacto social con claridad y rigor .