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El team building está roto y América Latina tiene la clave para reinventarlo

La crisis del compromiso laboral global no se ha detenido; realmente, se profundizó. Según el reporte State of the Global Workplace 2026 de la consultoría Gallup, el engagement mundial cayó a 20% en 2025, su nivel más bajo desde 2020, costándole a la economía global aproximadamente 10 trillones de dólares en productividad perdida, equivalente al El team building está roto y América Latina tiene la clave para reinventarlo

El team building está roto y América Latina tiene la clave para reinventarlo [Foto: thelivephotos vía envato]

La crisis del compromiso laboral global no se ha detenido; realmente, se profundizó. Según el reporte State of the Global Workplace 2026 de la consultoría Gallup, el engagement mundial cayó a 20% en 2025, su nivel más bajo desde 2020, costándole a la economía global aproximadamente 10 trillones de dólares en productividad perdida, equivalente al 9% del PIB mundial. 

Es la primera vez en la historia del índice que el indicador retrocede dos años seguidos. Para sorpresa de muchos, Europa lleva seis años consecutivos en el último lugar del ranking regional, mientras los gerentes, que históricamente lideraban el engagement de sus equipos, vieron caer su propio compromiso laboral en nueve puntos desde 2022, eliminando por completo la ventaja que alguna vez tuvieron sobre los empleados que dirigían. De hecho, Gallup ha llamado este último fenómeno “la menguante ventaja de ser gerente”. 

En medio de ese panorama, América Latina fue la excepción. En 2024, la región llegó a su máximo histórico de engagement (31%), empatando con Estados Unidos y Canadá por primera vez desde que la consultoría comenzó a medir el indicador. Mientras tanto, en 2025, la región siguió ganando terreno; América Latina y el Caribe registraron el mayor aumento en bienestar laboral de todas las regiones del mundo.

Con estos datos, está claro que hay algo que nuestra región está haciendo bien.

El modelo que el mundo copió no está funcionando 

Durante décadas, el mundo corporativo latinoamericano miró hacia el norte para aprender a gestionar personas. Como resultado, nos acostumbramos a metodologías importadas, consultoras globales y frameworks de engagement calcados de Silicon Valley. 

La norma era que la región tenía que “profesionalizarse”; ponerse al día con los mercados más maduros. Pero los datos recientes confirman que ese modelo está en crisis, y la región que otrora tenía mucho que aprender ahora tiene algo que el resto del mundo está perdiendo.

Para las nuevas generaciones, el engagement no sube por salario, ni mejora con una app de bienestar, talleres de valores, o un dashboard de OKRs más sofisticado. Gallup lleva años documentando que lo que mueve realmente el compromiso laboral es mucho más humano que cualquier herramienta, y eso incluye relaciones genuinas que generan la sensación de que, como empleado, uno importa más allá de su función.

Más de 20% de los empleados globales reportan sentirse solos en sus labores profesionales. En ese contexto, la calidez, espontaneidad y el sentido innato de comunidad que caracterizan a las culturas de trabajo latinoamericanas no son rasgos folclóricos; son ventajas competitivas reales. 

El problema es que esas ventajas rara vez se han codificado, exportado, convertido en metodología o probado por expertos del gremio internacional. En otras palabras, han existido como intuición, no como sistema.

Romper el molde sí funciona

Históricamente, gran parte del mundo corporativo eliminó casi cualquier experiencia emocional auténtica del trabajo en nombre de la profesionalización.

Aunque ahora hay mejores iniciativas, uno de los mayores problemas del team building moderno es que muchas empresas intentan crear conexión sin asumir ningún riesgo real. Actividades rápidas, talleres obligatorios, dinámicas diseñadas para “fortalecer la cultura” y ejercicios controlados que rara vez producen algo genuino. 

El resultado de esto es una participación superficial o por mero compromiso, entusiasmo temporal y equipos que vuelven a operar exactamente igual al día siguiente.

Fernando Gaspar Barros no salió a estudiar cultura organizacional; salió a probar una intuición. ¿Qué pasaría si empleados de oficina comunes formaran bandas de rock reales y tocaran juntos frente a una audiencia? No como actividad simbólica de fin de año, sino como una experiencia auténtica, con meses de ensayo, presión y exposición real.

Rockstars de oficina

Esa idea terminó convirtiéndose en Brands Like Bands, un proyecto que, casi dos décadas después, sigue reuniendo empleados de distintas industrias alrededor de algo poco habitual en el mundo corporativo.

Personas que normalmente pasan sus días entre reuniones, hojas de cálculo y presentaciones se suben a un escenario a tocar música frente a sus colegas o incluso llegando hasta Rock in Rio frente a 700,000 personas. Y aunque parece una actividad recreativa, el impacto ocurre en otro nivel.

“La música hace algo que una presentación de PowerPoint nunca podrá hacer: te vuelve vulnerable frente a otros. Y cuando atraviesas eso juntos, algo cambia entre todos”, explica Gaspar Barros.

Las compañías participantes incluyen nombres como BMW, Harley-Davidson, Lego, Microsoft, entre muchas otras en las que empleados de oficina comunes y corrientes, han compartido escenarios con artistas como Muse, Duran Duran y Post Malone. 

Esto evidencia que romper el molde corporativo vale la pena. La clave no está en cómo se hace, sino en la confianza, comunicación, propósito compartido y capacidad de actuar bajo presión que eso exige, mismas condiciones que hacen grande a un equipo de trabajo, y que ninguna sala de conferencias puede crear. 

La lección latinoamericana 

El ascenso de América Latina en los índices de Gallup no se explica por una política de recursos humanos en particular ni por una idea disruptiva.

De hecho, el éxito radica precisamente en que dejamos de intentar imitar entornos del exterior. En lugar de seguir apostando por metodologías importadas, la región ha adoptado una relación con el trabajo que incorpora de manera más orgánica lo que el resto del mundo está tratando de recuperar artificialmente: sentido de pertenencia, conexión humana, e identidad colectiva.

En el momento en que el mundo corporativo busca desesperadamente recuperar el compromiso perdido, quizás valga la pena mirar hacia abajo, donde el compromiso sigue creciendo contra todo pronóstico.

Author

  • Salomé Beyer Vélez

    es una periodista colombiana especializada en equidad de género y sustentabilidad ambiental. Es Deputy Editor en Latin America Reports y colabora con medios como Forbes, Entrepreneur y Al Jazeera.

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Sobre el autor

es una periodista colombiana especializada en equidad de género y sustentabilidad ambiental. Es Deputy Editor en Latin America Reports y colabora con medios como Forbes, Entrepreneur y Al Jazeera.