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Por qué la gente se burla de las porras de Estados Unidos para el Mundial

Estudios han demostrado que el comportamiento del público puede influir en el rendimiento de un equipo: aumentando la motivación o socavándola a través de la presión, la ansiedad y la distracción.

Por qué la gente se burla de las porras de Estados Unidos para el Mundial [Foto original: Steve Evans/Citizen of the World vía Wikimedia Commons]

Con la llegada de la Copa Mundial de la FIFA 2026 a Canadá, México y Estados Unidos, ya ha comenzado una contienda en línea: la lucha por ver quién suena como un verdadero aficionado al fútbol.

Los fans en Estados Unidos han sido objeto de burlas en redes sociales por porras como “Creo que ganaremos” y “¡USA! ¡USA!”

Para algunos, suenan alegres. Para otros, especialmente para aquellos criados con tradiciones futbolísticas más antiguas, suenan torpes, ensayados o poco originales.

@jeffharryplays When comparing U.S. soccer chants to the rest of the world, you can tell that there is a massive difference. It differs in passion, creativity, originality, and just overall commitment to the chant. Having been to previous World Cups, sitting in the US fan section, doing some of these chants is rough. We need to do better. #worldcup #footballchants #worldcup2026 #fans #ussoccer ♬ original sound – Jeff Harry

Pero este debate va más allá de si un cántico es mejor que otro. Las porras deportivas son pasaportes culturales. Enseñan a la gente a pertenecer a un grupo —a quién se considera parte del círculo interno— y qué versión del fútbol es la “legítima”.

Las porras son más antiguas que TikTok

Los aficionados al fútbol llevan gritando, cantando y coreando desde hace más de un siglo. Los primeros registros de gritos y canciones de fútbol datan de la década de 1880, mientras que algunas canciones de clubes que todavía se utilizan hoy en día surgieron en la década de 1890.

En la década de 1960, las porras modernas del futbol se habían vinculado profundamente con la cultura de las gradas, la cultura de los aficionados que surgió de las gradas. Los hinchas tomaban prestadas melodías de la música pop, himnos, canciones folclóricas y chistes locales, y luego las adaptaban para los jugadores, los clubes rivales y las emociones del día del partido.

Por eso, llas mejores porras suelen sonar a la vez familiares y novedosos. La melodía puede provenir de otro lugar, pero la letra pertenece a la multitud.

¿Qué características debe tener una buena porra para el Mundial?

Si bien existen numerosos factores que contribuyen al éxito de una porra de fútbol, ​​un buen cántico generalmente tendrá cinco ingredientes clave.

  1. Es sencillo. La gente debe poder aprenderlo en segundos.
  2. Es repetible. Tiene que sobrevivir al ruido, los nervios, los malos cantos y a que miles de personas se unan en momentos ligeramente diferentes.
  3. Es algo compartido. Un cántico solo funciona cuando deja de pertenecer a una sola persona y se convierte en la voz de la multitud.
  4. Su momento es emotivo. Debe llegar después de un gol, durante una tensa defensa, cuando un rival está nervioso o cuando la esperanza se desvanece.
  5. Está ligado a la identidad. Dice: “Esto es lo que somos, de aquí venimos y esto es lo que no somos”.

Pensemos en el “trueno” de Islandia en la Eurocopa 2016. No era líricamente complejo. Su fuerza residía en la sincronización, el ritmo y la unidad.

Luego está “Will Grigg’s on fire“, que tomó una pista de baile y la usó para convertir a un jugador del equipo en un héroe popular del torneo.

La canción de Liverpool “You’ll Never Walk Alone“, que deriva de un tema de 1963 de Gerry and the Pacemakers, funciona menos como una porra y más como un ritual emocional compartido.

Los mejores cánticos no siempre son bellos. Muchos son directos, graciosos, tontos o groseros. Pero suelen dar la sensación de que surgen de la multitud, no de que se les ha impuesto.

Los críticos califican las porras estadounidenses de “vergonzosas”, y argumentan que tienden a basarse en cánticos deportivos estadounidenses simplistas, reciclados de otros deportes en lugar de en las auténticas tradiciones del futbol.

Los aficionados europeos y sudamericanos, en particular, han dicho que las porras estadounidenses demuestran una falta de profundidad, originalidad y creatividad, y suenan más a promociones corporativas que a gritos de guerra apasionados.

Las porras convierten a los espectadores en participantes.

Las porras pueden convertirse en el mecanismo que traslada a los individuos del papel de observador pasivo a un “equipo fuera del campo“.

Estudios han demostrado que el comportamiento del público puede influir en el rendimiento de un equipo, ya sea aumentando la motivación mediante el apoyo o socavándola a través de la presión, la ansiedad y la distracción.

Al corear cánticos sin parar durante el partido, la afición puede narrar el juego, contribuyendo aún más a la mentalidad de “nosotros contra ellos” que define la experiencia en el estadio.

Las porras y vítores del público también pueden influir en las decisiones de los árbitros al actuar como una señal auditiva.

Un estudio de 2002 reveló que los árbitros que vieron imágenes de partidos con el ruido audible del público tenían menos confianza en sus decisiones y pitaron un 15.5% menos de faltas contra el equipo local en comparación con aquellos que vieron los partidos en silencio.

La línea que separa la broma del daño.

Las porras de futbol también tienen un lado oscuro.

Debido a que marcan “nosotros” y “ellos”, pueden pasar del humor al racismo, la homofobiala misoginia o el abuso de la tragedia, donde los fanáticos rivales se burlan de muertes, desastres o eventos traumáticos relacionados con otro club o comunidad.

La FIFA y otras autoridades futbolísticas han sancionado repetidamente a federaciones y clubes por coros discriminatorios.

Un ejemplo destacado es un grito considerado homofóbico que lleva mucho tiempo presente y que se asocia con algunos hinchas mexicanos. Aunque en un principio algunos lo consideraron una simple broma, ha provocado repetidas sanciones de la FIFA y restricciones en los estadios.

Esto es importante porque las porras nunca son solo ruido de fondo. Nos dicen qué está dispuesta a celebrar, tolerar o cuestionar una afición.

Las mejores culturas futbolísticas no son las que tienen los aficionados más ruidosos. Son aquellas donde los aficionados crean ambiente sin hacer que los demás se sientan inseguros.

Una lección para los aficionados del Mundial.

Entonces, ¿deberían los aficionados estadounidenses eliminar el “Creo que vamos a ganar”?

No necesariamente. Toda cultura futbolística tiene un origen. Una porra que hoy suena rara puede adquirir significado si la gente le asocia recuerdos y emociones.

Pero las burlas en línea sí apuntan a algo real. Las porras más enérgicas no solo declaran apoyo, cuentan una historia, y transmiten lugar, humor, historia y oportunidad.

Ese es el reto para todas las naciones en este Mundial. No se trata solo de copiar el sonido de otras culturas futbolísticas, sino de crear una propia.

La porra que perdure no será la más adornada. Será aquella que miles de personas hagan suya.


Brendon Hyndman e profesor asociado de Educación en la Universidad Charles Sturt; Tom Hartley es profesor de Salud y Educación Física en la Universidad de Tasmania, y Vaughan Cruickshank es profesor titular de Salud y Educación Física en Universidad de Tasmania.

Este artículo fue publicado en The Conversation. Lee el original aquí.

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