[Imagen por: FCMX]
Durante los últimos años, muchas empresas han tratado la inteligencia artificial como un laboratorio permanente: pruebas piloto, herramientas internas, chatbots, experimentos y equipos especializados que funcionan en paralelo al resto del negocio. Ahora, la estrategia de KPMG en inteligencia artificial quiere romper con esa lógica.
La firma de servicios profesionales anunció la creación de Client Technology & Innovation (CT&I), una nueva organización que reunirá bajo un mismo techo sus funciones de inteligencia artificial, innovación y ecosistemas tecnológicos. La estructura entrará en funciones el 1 de octubre y estará encabezada por Todd Lohr, quien reportará directamente al CEO de KPMG en Estados Unidos, Tim Walsh.
La decisión parece administrativa, pero apunta a un cambio mucho más profundo. KPMG quiere que la inteligencia artificial deje de funcionar como una herramienta aislada y se convierta en una capacidad capaz de crear productos, servicios e incluso nuevos negocios. “Las expectativas de los clientes, los flujos de capital y la tecnología están evolucionando rápidamente”, explicó Walsh en el anuncio oficial de la nueva división. Para el ejecutivo, integrar IA en los servicios existentes ya no es suficiente: la velocidad de la disrupción obliga a la firma a realizar apuestas “más rápidas y más grandes”.
KPMG lleva la inteligencia artificial a una incubadora interna
La nueva estructura funcionará, en parte, como una incubadora interna inspirada en Silicon Valley. Lohr explicó que está tomando elementos de diseño de las incubadoras tecnológicas para construir una especie de venture studio dentro de KPMG. La intención es detectar ideas dentro de la organización, convertirlas en productos y llevarlas al mercado con una velocidad más cercana a la de una startup que a la de una consultora centenaria. CT&I tendrá cuatro grandes áreas: estrategia de productos y plataformas, infraestructura comercial, estrategia de datos e IA para toda la firma e innovación e incubación. Esta última es posiblemente la más interesante. KPMG planea desarrollar una cartera de negocios experimentales capaces incluso de competir o transformar algunas de sus propias líneas tradicionales de servicios.
Las compañías que nazcan dentro de esta incubadora tendrán diferentes caminos. Algunas podrán integrarse posteriormente al negocio principal de KPMG; otras podrían recibir capital externo o convertirse en empresas conjuntas con socios tecnológicos. Lohr incluso planteó una ambición considerable: que de este modelo pueda surgir eventualmente una empresa valorada en 1,000 millones de dólares.
La IA empresarial está saliendo del laboratorio
La reorganización de KPMG refleja un problema que comienza a repetirse en prácticamente todas las grandes compañías: tener acceso a inteligencia artificial ya no representa necesariamente una ventaja.
El reto es convertirla en resultados. La adopción de IA está pasando de la experimentación a la ejecución, lo que obliga a las organizaciones a revisar no solo qué modelos utilizan, sino cómo están diseñados sus procesos, quién toma decisiones y cómo se mide el retorno de las inversiones tecnológicas.
Los propios datos de KPMG muestran esa transición. Su Global AI Pulse Q2 2026, elaborado a partir de una encuesta a más de 2,100 líderes empresariales de 20 países y jurisdicciones, encontró que aproximadamente 22% de las compañías ya alcanzó una etapa de implementación de IA integrada en flujos de trabajo y operaciones cotidianas.
En México ocurre algo parecido. La proporción de organizaciones en fase de adopción activa pasó de 17% a 26% en un trimestre, de acuerdo con datos de KPMG México. Pero existe una diferencia importante entre adoptar y obtener resultados. Apenas 7% de las organizaciones mexicanas encuestadas reportó haber consolidado un retorno de inversión en IA, mientras que 50% dijo haber tenido que ajustar despliegues cuando los costos comenzaron a superar el valor esperado. Ese contraste ayuda a explicar por qué las grandes organizaciones están empezando a replantear su estructura interna alrededor de la tecnología.
El problema ya no es conseguir IA
En México, esta brecha también es visible desde otro ángulo. Un estudio de AWS y Strand Partners encontró que 48% de las empresas mexicanas ya había adoptado inteligencia artificial, pero solamente 13% había alcanzado una adopción considerada avanzada. Es decir, comprar herramientas es relativamente sencillo. Transformar una organización alrededor de ellas es otra cosa.
Las compañías necesitan decidir qué procesos cambiar, qué datos conectar, qué responsabilidades asignar y, sobre todo, cómo transformar una prueba tecnológica en un producto que realmente genere ingresos o reduzca costos. Ahí aparece el verdadero significado de la reorganización de KPMG.
CT&I no solamente administrará herramientas internas. También será responsable de los productos que KPMG ofrece a clientes, de nuevas estructuras comerciales y de las alianzas tecnológicas de la firma. Bajo esta organización quedarán relaciones con compañías como Microsoft, Google Cloud, OpenAI, Anthropic y Databricks, de acuerdo con Fortune.
La estructura también permitirá que empleados de KPMG roten temporalmente hacia estas nuevas empresas internas como fundadores u operadores para después regresar a sus funciones tradicionales. En otras palabras, la firma quiere importar parte de la lógica de las startups sin abandonar completamente su estructura corporativa.
También existe un problema de responsabilidad
Mover la IA hacia el centro de una organización trae consigo otra pregunta: quién responde cuando falla. Este año KPMG enfrentó cuestionamientos después de que se detectaran referencias inexistentes en uno de sus informes internacionales sobre IA agéntica. La firma desarrolló posteriormente una herramienta interna llamada Hawk, utilizada principalmente para revisar contenidos y detectar posibles alucinaciones generadas mediante inteligencia artificial, según Fortune.
El episodio ilustra por qué gobernar la inteligencia artificial se está convirtiendo en un problema empresarial y no exclusivamente tecnológico. Lohr lo resume de una manera sencilla: independientemente de qué herramienta participe en el proceso, las personas siguen siendo responsables del resultado final. Esa discusión será cada vez más importante conforme los agentes de IA comiencen a ejecutar tareas que antes pertenecían exclusivamente a empleados.
La siguiente fase de la IA corporativa será organizacional
Durante los primeros años de la inteligencia artificial generativa, la conversación empresarial estuvo dominada por los modelos: cuál era más potente, cuál podía escribir mejor, cuál procesaba más contexto o cuál costaba menos. Ahora la pregunta empieza a cambiar. Las compañías están descubriendo que el modelo por sí mismo rara vez transforma un negocio. Para hacerlo necesitan estructuras, datos, procesos, gobernanza, talento y responsables capaces de convertir la tecnología en resultados.
En México, la inteligencia artificial ya empieza a modificar dónde se toman las decisiones dentro de las empresas. La reorganización de KPMG lleva esa lógica un paso más adelante: en lugar de crear otro laboratorio de IA dentro de la compañía, está intentando construir una máquina capaz de convertir experimentos en negocios. Y quizá esa sea la señal más importante de la nueva etapa de la inteligencia artificial empresarial. El experimento ya no consiste en descubrir qué puede hacer la IA. Consiste en descubrir qué tipo de empresa necesitas construir alrededor de ella.
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