[Imagen: FCMX]
En 1984, George Orwell imaginó una sociedad en la que el Gran Hermano podía observar prácticamente todos nuestros movimientos. Una pantalla, una autoridad y un sistema capaces de saber qué hacíamos, qué decíamos e incluso qué pensábamos. Hoy, los datos personales e inteligencia artificial nos acercan a una realidad distinta, pero igual de inquietante.
A casi ocho décadas de la publicación de esta visión distópica, vivimos en un mundo hiperconectado y expuesto a nuevos riesgos digitales. Nos damos cuenta de que no tenemos un solo Gran Hermano, sino miles o hasta millones. Uno nunca sabe.
Empresas, aplicaciones, bancos, comercios, aerolíneas, redes sociales y plataformas conocen diferentes fragmentos de nuestra vida. Dejamos nuestro nombre para recibir un paquete, el teléfono para hacer una reservación y el correo electrónico para obtener un descuento. También compartimos una fotografía para identificarnos, el RFC para solicitar una factura y los datos de una tarjeta para comprar.
Si lleváramos nuestra vida digital a un cuento clásico, seríamos como Hansel y Gretel caminando por el bosque. La diferencia es que nuestras “migajas digitales” no necesariamente nos llevan de regreso y tampoco desaparecen.
Se almacenan, se copian, se cruzan, se comparten y, en el peor escenario, se roban o se venden. Aunque individualmente esas migajas dicen poco, juntas pueden reconstruir buena parte de quiénes somos. Y justo en este terreno México acaba de recibir varias advertencias.
Las migajas digitales ya están dejando consecuencias en México
En julio de 2026, la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno impuso una multa de 42.8 millones de pesos a la Federación Mexicana de Futbol. La sanción estuvo relacionada con incumplimientos en el tratamiento de datos del FAN ID. Entre las irregularidades determinadas por la autoridad estuvo no informar adecuadamente que las fotografías recopiladas constituían datos biométricos sensibles. Tampoco se obtuvo el consentimiento expreso y por escrito exigido para su tratamiento.
En septiembre, la misma autoridad informó que había localizado en Telegram una publicación que ofrecía una base de datos supuestamente vinculada con Aeroméxico. Contendría más de 15 millones de registros, incluidos nombres, correos electrónicos, teléfonos y fechas de nacimiento. Sí, otra pequeña migaja de lo que vamos dejando en el camino.
Días después, la autoridad abrió otra investigación por la presunta venta de más de 12.9 millones de registros con datos personales en posesión de diversos centros de atención telefónica.
Son casos diferentes y no todos representan incidentes confirmados de filtración. Sin embargo, muestran los riesgos asociados con la acumulación, el tratamiento y la posible circulación de información personal. Es un camino por el que no solo transitamos nosotros, los titulares de esos datos. También pueden recorrerlo ciberdelincuentes que utilizan herramientas cada vez más sofisticadas para recopilar y aprovechar información. Los tres casos plantean una misma pregunta: ¿dónde terminan esas migajas digitales que nosotros mismos hemos compartido?
La inteligencia artificial no corrige el desorden de nuestros datos
Durante años abordamos esta discusión como un asunto de privacidad y cumplimiento. Hablábamos de avisos de privacidad, consentimiento, regulación y auditorías. Pero la inteligencia artificial cambia la dimensión del problema.
Hoy las organizaciones quieren conectar sistemas de IA con plataformas de gestión de clientes (CRM), sistemas de planificación empresarial (ERP), correos electrónicos y documentos internos. También buscan aprovechar historiales de clientes y enormes repositorios de información.
Queremos que estos sistemas encuentren patrones, automaticen procesos, recomienden decisiones y actúen cada vez con mayor autonomía. El problema es que la IA no corrige el desorden de nuestros datos: lo hereda. Si una empresa no sabe qué información tiene, cualquier proyecto de inteligencia artificial comienza con una deuda. Lo mismo ocurre cuando desconoce dónde están los datos, quién puede acceder a ellos o qué terceros conservan copias.
La paradoja es evidente: estamos construyendo organizaciones cada vez más inteligentes sobre ecosistemas de información que muchas veces seguimos sin comprender completamente. Esta situación también abre preguntas sobre la privacidad de la información compartida con herramientas de IA. Especialmente cuando las empresas comienzan a integrar estas tecnologías en procesos que involucran información sensible de clientes y empleados.
La relación entre datos personales e inteligencia artificial deja de ser un asunto exclusivamente tecnológico. Se convierte en una decisión que puede afectar la confianza, la operación y la reputación de cualquier organización.
El costo de no proteger la información ya se mide en millones
Vamos a los números. El Cost of a Data Breach Report 2026 de IBM estima que una filtración cuesta en promedio 4.65 millones de dólares a las organizaciones analizadas en América Latina. Además, cerca de 19% de los ataques maliciosos analizados en la región estuvieron habilitados por inteligencia artificial.
El informe considera incidentes experimentados por 28 organizaciones de México, Argentina, Chile y Colombia. Sus resultados muestran que los riesgos digitales ya tienen consecuencias económicas concretas. La IA, por supuesto, también puede ser una extraordinaria herramienta defensiva. El mismo estudio señala que las organizaciones latinoamericanas que utilizan ampliamente IA y automatización en sus operaciones de seguridad registraron menores costos por filtración.
En promedio, reportaron pérdidas de 4.04 millones de dólares por incidente. En contraste, las organizaciones que no habían implementado estas capacidades registraron un costo promedio de 5.64 millones.La diferencia es relevante, aunque no demuestra por sí sola que la implementación de IA sea la única causa de esa reducción.
La tecnología puede ayudar a identificar amenazas, responder a incidentes y fortalecer la protección de la información personal.Pero el problema de fondo no es solamente qué herramientas utilizamos, sino quién está gobernándolas.
La privacidad digital también es una decisión de liderazgo
Por eso, esta conversación debe abandonar el escritorio exclusivo del director de seguridad de la información (CISO), del director de tecnología (CIO) o del área jurídica. Es momento de que llegue al consejo de administración.
Un consejero no necesita conocer la arquitectura de una base de datos. Pero sí debería poder preguntar: ¿qué información crítica tenemos? ¿Dónde está? ¿Quién puede verla? ¿Con quién la compartimos? ¿Qué sistemas de IA pueden utilizarla? Son preguntas que deberían formar parte de cualquier estrategia de transformación digital.
Porque adoptar nuevas tecnologías sin comprender la información que las alimenta no necesariamente significa innovar. También puede significar automatizar riesgos que ya existían. La discusión sobre datos personales e inteligencia artificial necesita incorporar una responsabilidad que va más allá de instalar sistemas o cumplir regulaciones.
Se trata de establecer quién toma decisiones sobre la información, cómo se protege y qué límites existen para su utilización. Si nadie puede responder con certeza, tenemos un problema mucho antes de hablar de algoritmos. Y ese problema no es solamente tecnológico, sino humano.
Nuestras migajas digitales no desaparecen
Orwell imaginó un mundo en el que alguien nos vigilaba. Pero nuestra realidad resultó diferente. Durante años fuimos nosotros quienes dejamos el camino marcado, migaja tras migaja. La diferencia con Hansel y Gretel es que aquellas migajas desaparecían. Las nuestras, en cambio, pueden permanecer durante años, circular entre sistemas y alimentar herramientas de inteligencia artificial.
Y todavía no sabemos con certeza a qué caminos pueden conducirnos. Peor aún, tampoco sabemos si alguien ya las recogió y las está guardando, en espera de descubrir qué más puede hacer con ellas.
![[Imagen por: FCMX]](https://fc-bucket-100.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/10/13004047/Taller-de-diseno-en-patio-mexicano.png)
![[Foto por: José carbonell]](https://fc-bucket-100.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/10/14125232/MASTERCARD_02092026-40-scaled.jpg)
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