[Imagen: FCMX]
El fenómeno climático seguirá intensificándose durante los próximos meses y podría alcanzar una fuerza excepcional hacia finales de 2026. El problema es que ocurre sobre un planeta y unos océanos mucho más calientes que hace algunas décadas. El super El Niño 2026 ya está tomando forma. La pregunta ahora es hasta dónde puede crecer.
La Organización Meteorológica Mundial advirtió este 3 de septiembre que el episodio de “El Niño” instalado en el Pacífico tropical continuará fortaleciéndose durante los próximos meses y probablemente alcanzará una intensidad “muy fuerte” antes de llegar a su máximo hacia finales de 2026. La actualización de la OMM calcula además una probabilidad cercana a 100% de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.
Las condiciones son tan extraordinarias que existe la posibilidad de que se convierta en “El Niño” más intenso observado en los registros modernos, aunque todavía es demasiado pronto para declararlo oficialmente un récord. El fenómeno ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven anormalmente cálidas y alteran la circulación atmosférica. Es un proceso natural que aparece aproximadamente cada dos a siete años, pero sus consecuencias pueden extenderse por todo el planeta. Puede cambiar temporadas de lluvia, agravar sequías, aumentar inundaciones y alterar cosechas, pesquerías y ecosistemas. Y esta vez hay otro ingrediente: el planeta sobre el que está ocurriendo ya es considerablemente más caliente.
El océano guarda la memoria del calentamiento
Los océanos absorben gran parte del exceso de calor acumulado por el planeta, algo que ayuda a explicar por qué las olas de calor marinas se han convertido en una señal cada vez más importante del cambio climático. El último informe climático mundial también mostró que el contenido de calor de los océanos alcanzó niveles récord durante 2025, dentro de una tendencia de calentamiento que está transformando el sistema climático. El cambio climático en 2026 ya no puede entenderse únicamente a través de la temperatura del aire. Una nueva investigación sobre corales de las islas Galápagos añade una perspectiva mucho más larga.
Analizando registros que permiten reconstruir las temperaturas del Pacífico durante aproximadamente mil años antes de la industrialización, investigadores de la Universidad de Michigan encontraron que la variabilidad asociada a “El Niño” durante las últimas cuatro décadas ha sido cerca de 40% mayor que durante el periodo preindustrial. La investigación, publicada en Science, sugiere que los episodios intensos se han vuelto más frecuentes en un planeta cada vez más caliente. Eso no significa que el cambio climático cause “El Niño”. El fenómeno existe desde mucho antes de la industrialización. Pero un océano más caliente puede aumentar los riesgos asociados a sus episodios extremos.
Lo importante ahora es anticiparse
“El Niño” fuerte puede modificar las lluvias y temperaturas en prácticamente todos los continentes. En algunas regiones puede significar inundaciones; en otras, sequías y olas de calor. América Latina es especialmente sensible a esas alteraciones. Por eso, el reto durante los próximos meses será convertir mejores pronósticos en decisiones concretas. La meteorología está viviendo además una transformación tecnológica: sistemas de inteligencia artificial capaces de mejorar los pronósticos climáticos permiten ejecutar más simulaciones y detectar antes algunos escenarios de riesgo. No podemos detener un episodio de “El Niño”.
Pero podemos saber con mayor precisión qué viene, dónde podría golpear con más fuerza y qué comunidades necesitan prepararse primero. Frente a un posible “Super El Niño”, esa diferencia puede ser enorme.
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