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El rebranding de Jif demuestra que a veces cambiar menos es diseñar mejor

Es un recordatorio de que, a menudo, los mejores cambios de imagen se basan en la moderación.

El rebranding de Jif demuestra que a veces cambiar menos es diseñar mejor [Foto: Jif]

El rebranding de Jif es una rara prueba de que modernizar una marca no siempre significa reinventarla. Después de más de 30 años sin una actualización importante, la crema de cacahuate renovó su logo, empaques y lenguaje visual con cambios tan discretos que su mayor virtud está precisamente en todo lo que decidió conservar.

En una época en la que las marcas parecen obsesionadas con simplificar sus logos, borrar su personalidad y declarar que cada cambio tipográfico representa una “nueva era”, Jif tomó otra ruta.

La marca de crema de cacahuate propiedad de The J.M. Smucker Co. presentó su primera gran renovación visual en más de tres décadas. Pero si pones el logo anterior junto al nuevo, quizá necesites unos segundos para encontrar las diferencias.

Y ese es exactamente el punto.

El rebranding de Jif elimina algunos elementos envejecidos, limpia su identidad y reorganiza sus empaques, pero conserva aquello que lleva décadas haciendo que la marca sea reconocible. De acuerdo con el anuncio oficial del rediseño de Jif, la compañía buscó modernizar la marca sin abandonar sus elementos icónicos.

Es una lección sencilla que muchas compañías olvidan: un buen rebranding no siempre necesita demostrar cuánto cambió. A veces necesita demostrar qué entendió que no debía tocar.

[Foto: Jif]

El rebranding de Jif mantiene lo que la gente ya reconoce

El logo de Jif llevaba más de 30 años prácticamente intacto.

Sus tres franjas roja, azul y verde, las letras blancas gruesas y algunas proporciones deliberadamente peculiares construyeron una identidad inmediatamente reconocible.

De hecho, según datos compartidos por la marca con Marketing Dive, 85% de los consumidores podía reconocer el logo de Jif únicamente por sus franjas roja, azul y verde.

Entonces, ¿para qué cambiarlo?

La respuesta no era destruir esa familiaridad, sino actualizarla.

El nuevo diseño elimina la sombra detrás de las letras, simplifica algunos detalles y hace que la marca se sienta más limpia y contemporánea. Pero sigue pareciendo, inequívocamente, Jif.

Es una estrategia muy distinta a la que adoptan marcas que sacrifican décadas de reconocimiento para perseguir una estética más minimalista.

Y sabemos que eso puede salir mal.

En 2025, Cracker Barrel tuvo que dar marcha atrás con un nuevo logo después de provocar una fuerte reacción entre sus consumidores. Como contamos en Fast Company México, la compañía terminó recuperando su identidad anterior pocos días después.

Jif parece haber aprendido la lección sin necesidad de vivirla.

Cambiar una marca no significa borrar su memoria

Cuando una compañía lleva décadas en el mercado, su identidad visual deja de pertenecer solamente al departamento de marketing.

También pertenece, de alguna forma, a quienes crecieron reconociéndola.

Eso hace especialmente delicado cualquier rebranding de una marca histórica.

En México hemos visto una estrategia similar. Cuando Grupo Lala actualizó su identidad, el objetivo no fue esconder su pasado, sino construir sobre él. Su rebranding combinó tradición y modernidad para conservar elementos que los consumidores ya asociaban con la marca mientras modificaba su presencia en los empaques.

Mapfre siguió una lógica parecida. Su reciente proceso de renovación de marca surgió después de analizar qué debía evolucionar en la compañía y qué elementos seguían representando confianza para sus consumidores.

El rebranding de Jif pertenece a esa escuela: evolucionar sin fingir que todo lo anterior dejó de servir.

El cambio importante no está solamente en el logo

El nuevo logo puede ser la parte más visible del proyecto, pero el verdadero objetivo del rediseño está en los empaques.

Durante décadas, Jif estuvo fuertemente vinculada al clásico PB&J, el sándwich estadounidense de crema de cacahuate y mermelada.

Eso representa un problema cuando una empresa quiere vender el mismo producto para muchas otras ocasiones de consumo.

Aunque 85% de las personas consultadas reconocía la identidad tricolor de Jif, los consumidores seguían asociando fuertemente la marca con ese sándwich, según Marketing Dive.

Por eso, el nuevo empaque comienza a mostrar crema de cacahuate acompañando manzanas, galletas, pretzels y otros alimentos. Las distintas variedades también reciben colores más diferenciados y el logo ocupa menos espacio en la composición.

La imagen ya no solo dice “esta es Jif”.

Ahora también intenta responder “¿qué puedo hacer con Jif?”

Y eso convierte al packaging en una herramienta comercial, no únicamente estética.

Fast Company México ha documentado cómo un buen branding puede trabajar de la mano con los objetivos de venta. El caso Jif es una demostración bastante literal: el nuevo sistema visual busca mantener reconocimiento y, al mismo tiempo, aumentar las ocasiones en las que el consumidor piensa en comprar el producto.

“Every Jif’ing Thing”: convertir el logo en una campaña

El cambio tampoco ocurre aislado.

El 10 de agosto, Jif lanzó Every Jif’ing Thing, una campaña desarrollada por PSOne, la estructura de Publicis dedicada a The J.M. Smucker Co., con liderazgo creativo de BBH USA.

La campaña hace algo particularmente inteligente con el activo más reconocible de la compañía: transforma las tres letras de Jif en palabras y acciones relacionadas con nuevas formas de consumir crema de cacahuate.

El objetivo es ampliar mentalmente la categoría.

Dip. Mix. Sip.

Jif quiere dejar de vivir únicamente dentro del sándwich y aparecer también en smoothies, bowls, noodles, snacks y otros momentos de consumo. La campaña se desplegará en televisión, streaming, video digital, Meta, TikTok y Pinterest.

Ese posicionamiento también coincide con cambios en su portafolio. La compañía ha lanzado formatos exprimibles, una crema de cacahuate con chocolate y Jif Simply, además de renombrar Jif To Go como Jif Dippers para enfatizar su uso como snack.

En otras palabras: el rediseño no está intentando inventar una historia que el negocio no pueda sostener.

La identidad visual está cambiando porque la estrategia del producto también está cambiando.

El rebranding de Jif también es una lección de contención

El problema con muchos rediseños actuales es que una actualización termina convertida en una demostración de fuerza.

Nuevo logo. Nueva tipografía. Nueva paleta. Nuevo tono de voz. Nuevos íconos. Nuevo todo.

A veces eso es necesario.

PepsiCo, por ejemplo, presentó en 2025 una identidad corporativa completamente nueva porque necesitaba comunicar que la compañía es mucho más amplia que Pepsi. Su nuevo logo intenta representar la diversidad de todo el portafolio y romper deliberadamente con una percepción demasiado vinculada a su refresco más famoso.

Pero Jif tenía un problema diferente.

No necesitaba dejar de parecer Jif.

Necesitaba hacer que Jif significara más cosas.

Por eso, conservar las letras gruesas, la composición tricolor y parte de esa personalidad ligeramente extraña del logo anterior termina siendo más relevante que cualquiera de sus novedades.

Los primeros productos con el nuevo diseño comenzarán a enviarse a tiendas en octubre de 2026 y el cambio se realizará gradualmente durante el otoño y principios del invierno.

¿Qué pueden aprender otras marcas del rebranding de Jif?

El rebranding de Jif deja una idea bastante útil para diseñadores, agencias y equipos de marketing: antes de preguntar qué debe cambiar, vale la pena preguntar qué se ha ganado el derecho de quedarse.

Un logo acumula reconocimiento. Los colores acumulan memoria. Los empaques generan hábitos. Incluso las rarezas gráficas que un diseñador quizá eliminaría durante una primera ronda de limpieza pueden ser justamente aquello que hace identificable a una marca.

Modernizar no necesariamente significa uniformar.

Y en un momento en el que muchas compañías parecen terminar con la misma tipografía sans serif, la misma retórica sobre “simplicidad” y la misma estética digital, mantener un poco de personalidad puede terminar siendo el gesto más moderno de todos.

Jif no rediseñó su identidad para que sus consumidores preguntaran:

“¿Qué le pasó a Jif?”

La rediseñó para que probablemente ni siquiera tuvieran que preguntar.

Y quizá ahí está la mayor señal de que funcionó.

Author

  • Grace Snelling

    Es colaboradora de Fast Company, con un enfoque en diseño de productos, branding, publicidad, arte y todo lo relacionado con la Generación Z. Sus artículos han incluido una exploración del excéntrico mundo del branding de agua, una charla con Questlove sobre su serie de YouTube centrada en la creatividad, y una mirada a la primera tienda física de Wayfair. Grace es una reciente graduada de la Universidad Northwestern, donde estudió periodismo y literatura inglesa. Antes de ser pasante y colaboradora en Fast Company, trabajó como freelance en la revista St. Louis durante dos años, cubriendo el crecimiento de la escena local de arte y cultura.

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Sobre el autor

Es colaboradora de Fast Company, con un enfoque en diseño de productos, branding, publicidad, arte y todo lo relacionado con la Generación Z. Sus artículos han incluido una exploración del excéntrico mundo del branding de agua, una charla con Questlove sobre su serie de YouTube centrada en la creatividad, y una mirada a la primera tienda física de Wayfair. Grace es una reciente graduada de la Universidad Northwestern, donde estudió periodismo y literatura inglesa. Antes de ser pasante y colaboradora en Fast Company, trabajó como freelance en la revista St. Louis durante dos años, cubriendo el crecimiento de la escena local de arte y cultura.