Una nueva encuesta muestra que muchos hombres atribuyen el comportamiento y las decisiones de liderazgo de las mujeres a las hormonas, revelando un sesgo persistente y a menudo ignorado en el lugar de trabajo.
De los comentarios halagadores a los supuestos “consejos útiles”, el sexismo benevolente disfraza el sesgo como amabilidad, pero le está costando la carrera a las mujeres.